III.- El pequeño guerrero
Leer con los ojos e imaginar con la música

Jean.- He vagado tanto escribiendo y buscando testimonios que ya casi no recuerdo a mi familia.
Roy.- Al huir la vida se vuelve solitaria.
Jean.- Yo no huyo, pero me gusta lo que hago.
Roy- Todos huimos de algo, si no, estarías a lado de tu familia haciendo lo que haces, de diferente manera.
Jean.- Qué te puedo decir.
Roy.- Nada, déjame continuar.
En una tarde de verano en medio de la plaza central de Iziz en Vendóme, llegó un clérigo de estampa gris con el libro santo en la mano izquierda y voz aguda de merolico. Alteraba la paz de aquel sitio que en mala hora acogió al supuesto portador de la voz divina, un cazador nato de almas inocentes, la aldea no alcanzaban aún a vislumbrar los momentos de terror que esto significaría.
Esteban era un párroco de poca monta que en el ardid de las cruzadas vendió su alma en aras de la reconquista de poder y riqueza, cubierta de buenas intenciones y “portador” de la espada de la justicia divina o espada de Damocles por llamarle de alguna forma, con la escondida intención de apropiarse de lo ajeno a costa de lo que fuera o tal vez víctima de sus propias creencias.
Años atrás había caído en manos de los sarracenos y purgó corta condena presenciando decapitaciones, tormentos y muertes de cruzados en manos de soldados de Saladino, se le dio libertad para que advirtiera a occidente las penalidades que esperaban a aquellos que se embarcaran en la obscura aventura de “conquistar” el sepulcro de Jesucristo de tierra infiel. En su lugar profesó la palabra: venganza.
Esteban.- ¡Acercaos hermanos! Que lo que voy a decir es solo palabra del Señor, yo fui víctima de los errores de aquellos que tomaron la palabra de Dios como un sueño de conquista, de lujuria y de necedad. Estuve en cárcel sarracena por más de dos años sufriendo el ultraje del infiel, a causa de los cruzados inmisericordes, de su avaricia y de la barbarie que ha caracterizados a estas cruzadas. No han entendido el concepto divino, no han entendido la realidad del buen cristiano, solo anhelan poder y riqueza empuñando una espada y blandiéndola con la única motivación de apropiarse de lo que es del Señor.
Aldeano.- Los cruzados y templarios son soldados emisarios de la palabra divina.
Esteban.- No es así, los Templarios y los cruzados son la abominación del demonio. Los acompañé en su desventurada travesía protegiéndolos con la palabra divina y no obtuve más que humillaciones y contrariedades. Escuchad lo os digo, esta batalla entre el bien y el mal se ha transformado en una lucha por el poder y la riqueza. Si vieran lo que mis ojos han mirado entenderían lo que os digo. Muchos de los llamados cruzados no eran más que mala hierba, asesinos y prisioneros que lograron su libertad con la promesa insana de conquistar tierras y riquezas a nombre propio y de sus amos. La verdad y el poder están en la inocencia, en las almas que no han conocido mal alguno, en los niños que han nacido en la cuna del Señor con solo esperanza y fe.
Aldeana.- No entendemos padre.
Esteban.- ¡Hermanos! Dios protege la inocencia porque es lo único leal a su divinidad, porque es lo único sano que nos queda en este mundo. Dios quiere que las almas inocentes se acerquen a la palabra divina en estos momentos de caos para encontrar gloria divina. Así es hermanos, Dios protegerá a todas las almas inocentes que acojan su palabra, su mensaje, Dios abrirá el mar para que ellos pasen, Dios les dará pan y sustento, Dios sabe que la inocencia es su arma más poderosa y será su protector y guía. Todos y cada uno de ellos obtendrán un camino único al cielo sin pasar por las calamidades del purgatorio. ¿Saben lo que es morir en contrición imperfecta?
Aldeanos.- ¡No!
Esteban.- Morir en contrición imperfecta es fallecer amando a Dios por miedo, por temor al infierno y el camino único será el infierno pasando por miles de años en el purgatorio. Morir en contrición perfecta es fallecer amando a Dios por sobre todas las cosas. Al morir en contrición perfecta entrarán directamente al reino de Dios sin pasar por las penalidades del purgatorio.
La inocencia, es el más valioso baluarte que tenemos, personas que no han tenido contacto con el pecado, con las calamidades de los adultos que están viciados de todos los defectos que han recogido a lo largo de su andar por los caminos de la tentación, del deseo, de la codicia y de todos los males que sólo los humanos saben profesar.
Es indispensable repensar que el objetivo principal de las cruzadas es recuperar el sepulcro de Cristo de tierra de infieles. En esta obra magna, solo la inocencia podrá lograrlo y el Señor se encargará de protegerlos a todos y cada uno de ellos. Voy a venir todos los días para recibir a esos nuevos soldados Dios. ¡Hagan lo que deben y tendrán lo que merecen!
Jean.- Es increíble lo que la gente puede llegar a hacer con una toga y facilidad de palabra.
Roy.- Así es, para muchos la verdad divina se convierte en una realidad personal y la interpretación depende de la necesidad de ser feliz.
Muchos de los aldeanos quedaron sorprendidos después de escuchar aquellas palabras, sin alcanzar a comprender completamente el significado de lo que habían presenciado. Los aldeanos dubitantes pero esperanzados, vieron una luz que diera sentido a una vida de carencias, se sintieron bendecidos por la palabra de Dios en boca de aquel párroco enfurecido por las circunstancias y enardecido por la experiencia de pasar unos años en aquella cárcel sarracena.
Los fieles fueron a terminar sus quehaceres sin sacar de su pensamiento aquellas promesas vanas. La vida de los niños era difícil, áspera y dedicada a la mano de obra familiar, compartían responsabilidades como cualquier integrante de la familia. No había más diversión que jugar con artículos cotidianos y juguetes hechos a mano por artesanos o en su defecto por ellos mismos o familiares cercanos. La educación era un lujo al que pocos podían aspirar, sólo los hijos de feudales, dueños de honorables cargos, nobles y comerciantes exitosos podían aspirar a la enseñanza.
Muchas familias sucumbieron a las promesas de Esteban, otras prefirieron tomar el camino largo que lleva al cielo reforzando una vida cotidiana dedicada al trabajo y a ejercer las acciones del buen cristiano.
Al día siguiente la plaza se colmó de familias que llevaron a sus hijos a cumplir la penosa encomienda prometida, caras de júbilo y tristeza se mezclaron en esta aberrante fantasía. Esteban no faltó a la cita, llegó con un grupo de escribanos que tomaban datos de cada una de las familias convencidas de abrigar aquella causa. Los nombres llenaban hojas y aquella tinta que no dejaba de mezclarse con el papel formaba una penosa y extensa lista.
Muy pronto Esteban se vio favorecido por la gracia del obispo, quien observaba sigiloso y distante, sin involucrarse directamente, pero sin dejar pasar la oportunidad de tomar su tajada en la participación de un suceso que podía tener éxito ante la cristiandad aunque desde su propia perspectiva.
Al tercer día de llenar hojas con nombre de inocentes Esteban fue llamado a la casa del obispo.
Un mensajero lo condujo hasta el enorme portón resguardado por un arco bizantino en una casona a cuya entrada se apreciaban verdes jardines con flores multicolores divididos por una fuente de ángeles y querubines emanaban agua.
Esteban impresionado por aquella invitación repasaba la forma en la que saludaría al obispo y la incertidumbre de saberse centro de una obra con inciertos alcances, dudaba si el llamado era para reprenderlo o para favorecerlo, sin embargo tenía la esperanza de haber logrado que se fijaran en él y poder muy pronto compartir el poder eclesiástico con ese reducido grupo de estrategas y mercenarios de la fe.
Escoltado por un ayudante del obispo fue llevado hasta los aposentos donde se encontraba desayunando opíparamente un hombre gordo de modales adustos y ceño fruncido.
Obispo.- Pasa ponte cómodo, ¿quieres un vaso de agua?
Esteban.- Sí su excelencia.
Obispo.- André, trae al padre un vaso de agua.
El obispo continuó su minucioso trabajo con un pollo que había pasado a mejor vida.
Obispo.- Dejemos las formalidades a un lado Esteban, tengo informes de lo que has estado divulgando en la plaza. Entiendo que pasaste un trago amargo en tierra de infieles.
Esteban.- Así es señor hace unos…
El obispo interrumpió sin recato alguno a Esteban.
Obispo.- Sí, sí eso ya lo sé, pero ¿por qué no viniste conmigo a pedir la autorización para una empresa de tales dimensiones?
Esteban.- Surgió por accidente, solo comencé a hablar y contar lo que me sucedió pues un par de noches antes tuve un sueño en donde niños derrotaban a todo infiel que intentaba cruzarse en su camino.
Obispo.- ¿Todo esto por un sueño?
Esteban.- Yo diría que fue un mensaje divino.
Obispo.- ¿Crees que Dios te escogería para encomendarte una acción de tal magnitud?
Esteban.- No quiero pecar de soberbia, sin embargo simplemente seguí mi instinto religioso y fui fiel a lo que percibí como una encomienda sagrada.
Obispo.- Ese “instinto religioso” puede causarnos muchos problemas. Mira Esteban, no me opongo a tus planes, sin embargo, no puedes organizar solo un supuesto ejército de niños y enviarlos al cadalso. ¿Cuánto tiempo crees que sobrevivirán? ¿En verdad piensas que el cielo se abrirá y caerá el sustento o que el mar amainará su furia para darles paso?
Esteban.- ¡Estoy convencido que así será!
Obispo.- ¡No blasfemes! O eres estúpido o más creyente que el papa. Sólo Cristo podría hacer semejantes milagros, con la venia del señor (santiguándose humildemente).
Esteban.- ¿Cree usted que debo cancelar todo y dejar a un lado lo que pienso fue un mensaje divino?
Obispo.- Mira lo que vamos a hacer es lo siguiente, cuentas con mi apoyo, pedirás a los comerciantes una parte de las ventas realizadas en los últimos seis meses. Te daré los documentos necesarios y tendrás que hablar con cada uno de ellos. La finalidad principal no será necesariamente una cruzada más, sino que deberás convencerlos de que si un ejército de niños inicia esa travesía, a lo largo del camino muchos de los cruzados tomarán parte en esta empresa, por el solo hecho de tratarse de niños, ¿entiendes?
Esteban.- Sí señor.
Obispo.- De tal forma que al llegar a su destino ya no estarán solos, habrán recogido en el camino miles de buenos cristianos que seguirán el ejemplo de esas jóvenes almas caritativas llenas de buena fe y entusiasmo.
Esteban.- No lo había pensado de esa forma señor. Y… ¿cree usted su eminencia que la respuesta sea en verdad la esperada?
Obispo.- Mira hijo, si de cristianos devotos tuviéramos que tapizar el cielo, no alcanzaría espacio para una nube. ¿Cómo crees que terminamos de construir nuestras iglesias?
Esteban.- ¿Con limosnas?
Obispo.- No es suficiente, tenemos que ofrecer algún trato al que no se puedan negar.
Esteban.- No entiendo señor.
Obispo.- Las indulgencias.
Esteban.- ¿En serio su eminencia? (incrédulo)
Obispo.- No tengo porqué mentirte. (Levantando una ceja como dejo de desaprobación, a lo que Esteban bajó la cabeza en señal de sumisión).
Esteban.- Perdone su Eminencia pero no entiendo.
Obispo.- Sabes bien el valor que tiene para los creyentes morir en contrición perfecta?
Esteban.- Sí señor, morir amando a Dios por sobre todas las cosas, a la hora de morir significa que sin importar el tamaño de tus pecados llegarás al cielo.
Obispo.- Así es, digamos que sin preámbulos. Pues bien realmente pocos fieles son los que mueren con esa fortuna, por naturaleza propia el ser humano es tocado por fuerzas oscuras, por lo que las indulgencias significan menor tiempo en el purgatorio.
Esteban.- Así mi señor, si mueres en contrición imperfecta, o sea amando a Dios por miedo o por alguna otra razón que no sea la de convicción verdadera tendrán que visitar el purgatorio antes de que se decida si van al cielo o al infierno.
Obispo.- Pero hijo mío, todo tiene un precio y depende del tiempo que tu fortuna pueda comprar.
Esteban.- Ahhh, y de esa forma el dinero llega solo.
Obispo.- Creo que ya entendiste Esteban, no eres tan lento como pareces.
Entonces como te decía, al vender indulgencias y poner un precio a cada instante de estadía en el purgatorio se capitalizan las penas, por decirlo de esa manera, los pecados sirven para hacer más fuerte a nuestra santa iglesia día a día.
Esteban.- Hay otro aspecto que me preocupa.
Obispo.- ¿Cuál?
Esteban.- Hay varios señores de estas tierras que quieren organizar otra cruzada.
Obispo.- Lo sé, Ferdinand me tiene al tanto. Daré instrucciones para que la única cruzada a tomarse en consideración sea la nuestra. Es inaudito que las joyas y riquezas que han obtenido van a parar a Roma o a los reyes. Yo me encargo.
Esteban.- Señor me ilumina y me da esperanzas para lograr esta cruzada, encontrar la verdad en el reflejo de las buenas intenciones y de paso beneficiar a nuestra santa iglesia.
Obispo.- ¡Me sorprende tu basto entendimiento! No eches las campanas al vuelo hijo mío, aún falta mucho camino por recorrer, sobre todo para los que han abierto sus oídos a tus peticiones. ¿Cuántos cruzaditos se han anotado?
Esteban.- Más de 15,000
Obispo.- Sorprendente, ve con Dios pronto tendrás mis instrucciones. André, acompaña a Esteban y me traes a Ferdinand.
Esteban.- ¡Gracias su eminencia!
Obispo.- Ve, ve con Dios hijo.
André condujo a Esteban a la salida y llevó a Ferdinand Con el Obispo.
Ferdinand.- ¿Y…qué noticias con ese hombre señor Obispo?
Obispo.- Ahh… no sé si son buenas o malas, pero este imbécil ha logrado que 15,000 niños se unan a su causa.
Ferdinad.- ¿Y qué va a hacer?
Obispo.- Lo peor es que este bruto cree en lo que profesa.
Roy.- Después de verse directamente a los ojos por unos instantes, ninguno pudo aguantar que brotara de su rostro una estruendosa carcajada.
Durante unas semanas pequeños grupos de niños se fueron juntando hasta llegar a los 40,000. No sabían los martirios que les esperaban al realizar su travesía hacia Italia para luego zarpar hacia Tierra Santa.