X.- La llegada
Déjate transporta por la música y las letras

Roy y Jean se encontraban descansando a la sombra de un gran árbol, después de un día de cabalgata.
Jean.- ¿Ya no tuvieron más incidentes en el mar?
Roy.- Ninguno, por fortuna.
Jean.- Dicen que Acre es bello y misterioso.
Roy.- Es un lugar de encuentro, donde muchas ciudades de oriente y occidente comparten las mismas calles.
Está el barrio de los genoveses, el de los venecianos, el de los pisanos, pero principalmente hay españoles e italianos, sin mencionar el de los templarios. Estos barrios ya han sido ocupados por Saladino, están llenos de plazas porticadas.
Jean.- ¿Qué es eso?
Roy.- Espacios abiertos como plazas cubiertas por bóvedas sostenidas en rudas columnas. Las calles de Acre
son estrechas. Sus torres y fortificaciones son una mezcla muy interesante donde ambos mundos han expresado su necesidad de permanecer.
Jean.- ¿Saladino ya estuvo en Acre?
Roy.- Acre fue el lugar donde se enfrentó Saladino con los reyes de Francia e Inglaterra.
Jean.- Acre es un puerto estratégico para la entrada de occidente.
Roy.- Así es, es la puerta a la penetración cruzada, por lo que Saladino puso especial empeño en su defensa. Fue una gran batalla.
Jean.- ¿Te tocó estar ahí?
Roy.- No, eso fue en 1191, yo tenía 24 años, los cristianos pusimos trabuquetes por la parte no litoral.
Jean.- Son las catapultas.
Roy.- Es lo mismo, el caso es que está diseñado para lanzar piedras de gran tamaño.
Jean.- Aunque también por el año 500 se utilizó para lanzar encima de muros de castillos animales o personas que habían sido muertos por la peste negra. Dicen que en la guerra todo se vale.
Roy.- Desgraciadamente. Como te decía pusimos trabuquetes y torres de asedio de varios pisos porque las murallas de Acre son muy elevadas. Fue ahí donde conocí el “fuego griego”
Jean.- ¿Tú lo preparabas?
Roy.- Había soldados especialistas en todo eso. Ahí conocí a Ricardo I.
Jean.- ¿En serio? ¿Ricardo Corazón de León?
Roy.- Así es.
Jean.- ¿Cómo era?
Roy.- Dicen que era un gran hombre pero lo que yo vi fue otra cosa.
Jean.- ¿Por qué?
Roy.- Cuando se dio es asedio a Acre Ricardo estaba enfermo de escorbuto y se dice que frustrado por no poder participar de la batalla, mató a varios guardias.
Jean.- Sí, se dice que era en verdad sanguinario.
Roy.- El asedio llegó a un punto muerto, Ricardo ofreció perdonar la vida a las guarniciones de Saladino que defendían las afueras de Acre, las cuales creyeron en su palabra y depusieron las armas. Ricardo quería entrar en Acre a cualquier precio para conquistar esta joya estratégica y pidió a Saladino su rendición bajo los siguientes términos: liberar a 1,500 prisiones cruzados, 200,000 dinares y la restitución de la cruz verdadera. Saladino también pedía la liberación de los más de 2,600 soldados que se rindieron. La fecha límite era el 11 de agosto y Saladino daba largas para que los suministros de los cruzados fueran cada día más escasos. ¿Qué hizo Ricardo?
Jean.- Mandó decapitar a los 2600 prisioneros.
Roy.- Así es. Además lo hicieron frente al ejército de Saladino para que sus compañeros vieran aquel terrible espectáculo. La rendición no se hizo esperar, Saladino y Ricardo tuvieron una tregua de 5 años. Ambos reyes tuvieron algunos encuentros amistosos durante este tiempo de paz.
Jean.- ¿Es cierta la leyenda del encuentro de armas?
Roy.- ¿Te refieres a la ocasión que compararon sus armas?
Jean.- Sí, esa.
Roy.- Se dice que Ricardo blandió su larga y pesada espada contra un grueso tablón rompiéndolo de un golpe, mientras Saladino demostró el filo de su cimitarra, hecha con el codiciado acero de Damasco, cogió un fino velo, lo arrojó al aire y lo dividió en dos partes.
Jean.- Bueno y ¿qué pasó con los toneles?
Roy.- Ahhh, los toneles. Nos fueron de mucha utilidad, fueron nuestra salvación.
Jean.- ¡Quién lo creyera! La herencia del tal Esteban tuvo un buen destino.
Roy.- Después de tocar puerto buscamos un sitio dónde quedarnos. Hicimos el recuento del contenido de los toneles y nos dimos a la tarea de contratar los barcos que llevaran a los niños a Véndome.
Gerome.- El contenido de los toneles puede darnos posición y riqueza.
Monje Roy.- O puede regresar a los niños a sus hogares.
Gerome.- ¿Quién más sabe de los toneles que quedaron?
Monje Roy.- Sólo usted y yo.
Gerome.- Muy bien, mañana me reuniré en Acre con uno de las gentes cercanas a Federico II, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y Rey de Sicilia.
Roy.- Ese día nos recibieron en Acre como héroes. La gente se reunió en el puerto para recibir a los “niños cruzados”, les llevaron regalos y comida. Una gran fiesta organizada por los barrios españoles e italianos se dio en honor a ellos.
Auguste.- ¡Ya viste Cappi! Nos reciben como héroes.
Cappi.- Estoy lleno, no puedo comer más. Me han dado de todo.
Auguste.- La música me encanta. Hay grupos en las calles y gente bailando.
Cappi.- La fiesta es también para los soldados que llegaron hace unos días.
Auguste.- ¿Cómo sabes?
Kavi.- Preguntamos en las calles y ganamos unas monedas haciendo nuestro malabares.
Auguste.- Ustedes no pierden tiempo.
Cappi.- Yo de Acre no me muevo. Mis hermanos y yo podemos hace buena fortuna en las calles de este hermoso puerto.
Auguste.- Pero debemos partir a Jerusalén. Para eso nos convertimos en cruzados.
Cappi.- ¿Todavía crees en eso Auguste?
Auguste.- ¿Y por qué no?
Vadome.- Nosotros entramos a esto por que crecimos sin padres y vivimos de las calles. Un poco de techo y comida nos venía bien, pero ahora encontramos nuestro lugar en Acre.
Auguste.- Como gusten, yo seguiré hasta donde murió mi padre.
Roy.- Todos continuaron la fiesta, bien merecida después de tanto sufrimiento.
Jean.- Y qué hiciste con tanto niño.
Roy.- No fue fácil, pero encontramos unas tierras en la salida de Acre donde instalamos el campamento mientras Gerome negociaba el regreso con Fiorenzo, una de las gentes allegadas a Federico II.
Gerome.- Señor mío, estoy muy agradecido por haberme recibido.
Fiorenzo.- Supe que murió Ferdinand.
Gerome.- El señor lo tenga en su gloria.
Fiorenzo.- Que así sea. Pero dime, llegaste con muy pocos niños, ¿qué fue de los otros?
Gerome.- Murieron en el camino por enfermedades, otros fueron recibidos por familias y los menos afortunados llegaron conmigo a Acre.
Fiorenzo.- Esto estaba destinado al fracaso desde el principio, aunque se supone que debían avanzar a
Jerusalén antes que nosotros.
Gerome.- Lo sé, pero esa estrategia nunca debió ser aprobada.
Fiorenzo.- Mi señor, Federico II no quiere sobre su conciencia la vida de los sobrevivientes y me ha ordenado embarcarlos de regreso.
Gerome.- ¡Aleluya! Una mente consciente y fiel.
Fiorenzo.- Tú estarás a cargo de esta tarea y necesito que me mandes a todos los soldados con los que cuentes para que se unan a nuestro ejército. Necesito que designes a un líder que siga mis instrucciones.
Gerome.- El monje Roy es sin duda el más apto para esta tarea. Tiene mucha experiencia en batalla. Es disciplinado y conocedor de armas.
Fiorenzo.- Cómo estás de víveres y fondos.
Gerome.- Llegamos al puerto racionado de agua y alimentos. Contamos con muy pocas monedas pues la renta de los barcos terminó con nuestros fondos.
Fiorenzo.- Se te dará lo necesario para el regreso y en Bríndisi estará un emisario de Felipe Augusto, Rey de Francia para facilitarles el camino de regreso.
Gerome.- Estoy más que agradecido, haga llegar mis bendiciones a su señor Federico II por tan honorable acción.
Fiorenzo.- Tengo una duda, ¿qué sucedió con el tal Esteban?
Gerome.- Murió en altamar a causa de un penoso accidente. Él y varios de los suyos cayeron al mar.
Fiorenzo.- El señor tiene misteriosos caminos para premiar a tan estúpidos feligreses.
Gerome.- Así es mi señor.
Fiorenzo.- Nosotros partiremos en un par de días, necesito que tus soldados se presente mañana a primera hora.
Gerome.- Así se hará.
Fiorenzo.- Por último, dime de cuántos soldados estamos hablando.
Gerome.- De 700 mi señor, pero quisiera me autorizara para llevarme a 100 soldados para que me ayuden a cuidar a los 2000 niños.
Fiorenzo.- Está bien, puedes irte.
Gerome.- Gracias, con su venia me retiro.
Jean.- Así que tu pesadilla no terminó en Acre.
Roy.- Al día siguiente Gerome me dio las buenas nuevas.
Gerome.- Te tengo excelentes noticias Monje.
Monje Roy.- Espero que así sea. ¿Autorizaron nuestra partida?
Gerome.- Sí y no.
Monje Roy.- ¿Podrías ser más explícito?
Gerome.- Autorizaron el regreso de los niños y 100 soldados.
Monje Roy.- Qué bien y… ¿por qué el no?
Gerome.- Porque Te quedarás a cargo de los 600 soldados restantes para acompañarlos a Jerusalén.
Monje Roy.- Seguro tú participación en la negociación fue fundamental para que me quedara con ellos.
Gerome.- Mira Roy, hice lo posible para que tú nos acompañaras pero tu buena reputación es conocida por gente de Federico II.
Monje Roy- No puedo creerte, insultas mi inteligencia.
Gerome.- Además no olvidé que eres un soldado y yo tu superior.
Monje Roy.- Sabía que ibas a hacer valer tu rango. No olvides que sólo nosotros sabemos de la existencia de esos toneles. Si me traicionas pagarás con tu vida.
Roy.- Gerome se llevó la mano a su espada.
Monje Roy.- Podemos negociar esto como caballeros o como soldados. Tú decides.
Gerome.- De acuerdo. Fiorenzo solo me dará lo necesario para partir. Tendré que utilizar parte de los toneles para rentar los barcos y financiar el camino de regreso a Véndome. De los 30 toneles te dejaré 5.
Monje Roy.- De acuerdo.
Gerome.- Necesito que mañana a primera hora te reportes con Fiorenzo para recibir órdenes.
Monje Roy.- Así será.
Jean.- Qué desgraciado. Todos quieren su parte del botín. Según entendí Fiorenzo les facilitaría el regreso sin cobro alguno.
Roy.- Así es pero al día siguiente que me reporte con Fiorenzo hice varios hallazgos.
Fiorenzo.- ¿Por qué te dicen monje?
Monje Roy.- Porque en un tiempo fui instruido por templarios, aunque mi servicios han estado a la orden de
Felipe Augusto.
Fiorenzo.- Muy bien. Necesito que organices a tu ejército y tomes la avanzada junto con Serge. Partiremos a
Hattin y de ahí a Jerusalén.
Monje Roy.- ¿Serge llegó con su ejército señor?
Fiorenzo.- Así es, tiene ya varias semanas en Acre.
Monje Roy.- ¿Puedo hacerle una pregunta mi señor?
Fiorenzo.- Dime.
Monje Roy.- Los niños han sufrido calamidades e incontables sufrimientos durante su travesía desde Véndome.
Fiorenzo.- Así me lo han contado.
Monje Roy.- ¿No sería mucho pedir que se le diera más apoyo a Gerome para regresarlos a su hogar, sanos y salvos?
Fiorenzo.- No me hagas perder la paciencia, que a estas alturas es reducida. He dado órdenes a Gerome de pagar los barcos a Bríndisi y de ahí el Rey de Francia financiará los gastos para llevarlos a casa, sanos y salvos.
¡¿Qué más podemos hacer?!
Monje Roy.- Perdone mi atrevimiento, estaba mal informado.
Fiorenzo.- Tu audacia raya fuera de los límites de tu jerarquía.
Monje Roy.- Una vez más le pido me perdone. Conozco mi lugar, mi preocupación por esos niños me ha hecho perder la humildad.
Fiorenzo.- ¿Algo más?
Monje Roy.- Con su permiso voy a organizar a los soldados para que estén listos para partir.
Roy.- Al salir me topé con un criado que llevaba en una copa de vino y una botella sobre una charola de plata. Noté una burbuja espesa en el fondo de la copa y me detuve, miré al criado bastante nervioso. Me regresé y cuando Fiorenzo se disponía a tomar de la copa detuve su mano mientras el criado salía a paso veloz.
Fiorenzo.- ¡Qué te sucede animal!
Monje Roy.- El vino está envenenado señor.
Fiorenzo.- ¿Cómo lo sabes? ¡Detengan al criado!
Roy.- Dos guardias detuvieron al criado y lo regresaron con Fiorenzo.
Monje Roy.- Es la reina de los venenos, acointina señor, poco soluble en agua y algo más en alcohol, pero no lo suficiente. Esa copa tiene una burbuja espesa en el fondo y eso no es normal.
Roy.- Fiorenzo ordenó sujetar al criado.
Fiorenzo.- Tómatela.
Criado.- Piedad señor.
Fiorenzo.- ¿Quién te mandó?
Criado.- Tienen a mi familia.
Fiorenzo.- ¿Quiénes?
Criado.- Los hassashins, no sé más señor. Si no lo hacía asesinarán a mi esposa y a mis tres hijos.
Fiorenzo.- Suéltenlo. ¿Dónde tienen a tu familia?
Criado.- En mi casa señor.
Fiorenzo.- Rodrigo, anuncia que me envenenaron y sigue al criado hasta su casa. Me traes a los que planearon esto. Si el criado miente me lo traes para torturarlo personalmente. Que nadie sepa que aún vivo hasta que me traigan a esos desgraciados.
Criado.- Gracias señor.
Fiorenzo.- ¡Fuera de mi vista!
Roy.- Todos salieron y anunciaron la muerte de Fiorenzo.
Fiorenzo.- Estoy deuda contigo Roy.
Monje Roy.- Fue un placer señor.
Fiorenzo.- ¿Cómos sabes de venenos?
Monje Roy.- He tenido instrucción en viarios menesteres de la guerra y los venenos han sido un arma eficiente desde tiempos remotos.
Fiorenzo.- ¿Qué me hubiera pasado si tomo ese vino?
Monje Roy.- En cuestión de segundos su sistema digestivo sería inservible. Produce una sensación de hormigueo y picor en la boca, cara y garganta. Tendría la sensación de su cabeza aumenta de tamaño de forma desmesurada, una sensación que en segundos se propagaría al resto de su cuerpo y extremidades. Náuseas, malestar, vértigo, calambres, palpitaciones. Finalmente y después de un par de dolorosas horas moriría. Lo terrible es que estaría consciente en todo momento
Fiorenzo.- Te debo la vida. Yo siempre pago mis deudas ya habrá oportunidad.
Monje Roy.- Fue un placer señor.
Fiorenzo.- Ve con dios y si necesitas algo más no dudes en pedirlo. Como muestra de mi agradecimiento te daré una orden escrita para que antes de llegar a Jerusalén con tus soldados, cedas el liderazgo a quien decidas y te regreses sano y salvo.
Monje Roy.- Gracias señor pero no puedo abandonar a mis soldados.
Fiorenzo.- Si cambias de opinión me avisas.
Roy.- Después de ese suceso, Fiorenzo creó una red de espías debido a la cual, nada sucedía en Acre sin que él lo supiera.
Roy.- ¿Qué te parece Jean?
Jean.- Vivir para creer. ¿Y qué hiciste?
Roy.- No podía mandar a morir a mis soldados y salvarme, eso es de cobardes. Mandé buscar a los niños gitanos y a Auguste.
Cappi.- A sus órdenes.
Monje Roy.- En unos días partirán de regreso a casa.
Kavi.- Pero nosotros no queremos regresar.
Monje Roy.- ¿Qué? ¿Estoy escuchando bien?
Vadome.- Hemos encontrado en Acre un segundo hogar.
Badol.- Si usted nos permite, queremos quedarnos en Acre.
Monje Roy.- ¿Y tú Auguste?
Auguste.- Los muchachos se han ganado el derecho a decidir. Yo quiero continuar a Jerusalén.
Monje Roy.- Este mundo está al revés.
Auguste.- Necesito estar donde mi padre murió.
Monje Roy.- ¿Sigues con la idea de vengarte?
Auguste.- No lo sé señor, solo quiero seguir. ¿Usted regresará?
Monje Roy.- No, yo me quedaré al frente de los soldados de Ferdinand para salir a Hattin y luego a Jerusalén.
Cappi.- Entonces ¿qué decide señor?
Monje Roy.- Hagan lo que su corazón les mande, pero antes quiero que me hagan un favor.
Vadome.- Lo que usted nos pida señor.