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VIII.- La travesía por mar

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Roy.- La travesía hasta Bríndisi fue difícil, el costo fue muy alto. Salieron más de 30,000 niños de Véndome y solo 2000 lograron embarcarse al puerto de Acre junto con 200 soldados y 700 adultos interesados en participar de las conquistas de la cruzada, que en su mayoría eran ex soldados y delincuentes que huían de algo o de alguien. La mayoría de los jóvenes se quedaron en el camino con familias que les dieron casa y sustento, los menos afortunados murieron de enfermedades.

Ferdinand se dio a la tarea de rentar siete barcos mercantes para que los llevara a Acre pero mientras tenían que administrar los pocos recursos que quedaban porque Esteban incrementaba día con día su fortuna sin pensar que todo ese dinero en monedas, negocios turbios y donaciones nos harían mucha falta.

 

Ferdinand.- Gerome necesito hablar con Esteban.

 

Gerome.- ¿Le va a pedir recursos?

 

Ferdinad.- No, le voy a sugerir que financie la contratación de los barcos. Es bien sabido que ha acumulado una fortuna con sus dudosos negocios.

 

Gerome.- Lo mando traer en este momento señor.

 

Roy.- Esteban se encontraba hablando con unos mercaderes de Bríndisi cuando fue llamado. Como siempre Ultrich lo escoltó.

 

Esteban.- ¿En qué le puedo servir mi señor?

 

Ferdinand.- Me dicen que tienes buenas relaciones con los mercaderes del lugar.

 

Esteban.- Solo una escasa e insipiente relación con algunos de los que gustan de intercambiar mercancía.

 

Ferdinand.- Pues qué bien porque necesitamos siete embarcaciones y tenemos pocos recursos, así que te encargaré el asunto.

 

Esteban.- Pero señor, no estoy en condiciones de financiar tan alta empresa.

 

Ferdinand.- Te puedo asegurar que si mando requisar todas tus pertenencias te sobraría una gran parte.

 

Esteban.- Mi señor, todo lo que poseo le pertenece al obispo.

 

Ferdinand.- Seguro entenderá que sus riquezas estarán bien invertidas.

 

Esteban.- Con una condición.

 

Ferdinand.- ¿Cuál?

 

Esteban.- Que me permita realizar la negociación con toda libertad.

 

Ferdinand.- Mientras no ofrezcas el sepulcro del señor.

 

Esteban.- Claro que no señor, solo aquello con lo que pueda comerciar.

 

Ferdinand.- Otra cosa Esteban.

 

Esteban.- Sí señor

 

Ferdinand.- Tienes autorizado para subir a los barcos solo cinco personas de tu confianza y diez barriles de tus pertenencias.

 

Esteban.- Pero señor me limita demasiado.

 

Ferdinand.- No intentes negociar conmigo porque puedo quitarte todo y dejarte en tierra.

 

Esteban.- No es justo señor yo financiaré los barcos y me limita de esa forma.

 

Ferdinand.- No son tus recursos. Has lucrado con esos niños y nos has hecho la vida imposible al convertirnos en niñeras. Una palabra más y te mando cortar la cabeza y se la mando al obispo en bandeja de plata.

 

Esteban.- No es para tanto señor, con gusto acataré sus instrucciones.

 

Roy.- Esteban y Ultrich regresaron a sus tiendas.

 

Esteban.- ¡Es un imbécil!

 

Ultrich.- No es justo mi señor. Usted es el más rico del lugar y no merece ese trato. ¿Por qué no nos quedamos en tierra?, con esa fortuna podemos vivir en paz en este puerto. Sólo le manda su parte al obispo.

Esteban.- Si dejo incompleta mi tarea y nos quedamos en Bríndisi el obispo me obligará a darle todo lo que poseo. Por otra parte no quiero darle pretexto alguno para culparme de traidor o hereje, ya sabes que para ellos eso es muy sencillo.

 

Ultrich.- Nos quedaríamos sin nada.

 

Esteban.- Mi plan es quedarme en algún lugar cerca de Acre, donde nuestra fortuna pueda comprar una buena vida. Alessandre le dirá a Ferdinand que fuimos secuestrados por un grupo de Tuaregs. Cambiamos de nombre y así podremos comprar un ejército de esclavos y propiedades que nos hagan la vida más sencilla.

 

Jean.- ¿Entonces vamos a algún castillo de Esteban?

 

Roy.- No te anticipes.

 

Jean.- De acuerdo, continúa.

 

Ultrich.- Muy buen plan mi señor, pero eso requiere de una gran fortuna, ¿Tiene lo suficiente?

 

Esteban.- Si lo que buscas es que te diga a cuánto haciende no solo te juegas tu puesto.

 

Ultrich.- Perdón no fue mi intención.

 

Roy.- Esteban regresó a la reunión en su tiendón con los comerciantes.

 

Esteban.- Perdone esta abrupta interrupción pero me han encomendado una difícil pero reconfortante tarea.

 

Mercader 1.- ¿Y cuál es esa?

 

Esteban.- Necesito siete barcos para zarpar al puerto de Acre.

 

Mercader 3.- Ese viaje se hace en tres o cuatro semanas si el viento es benigno.

 

Mercader 2.- ¿De cuánto estamos hablando?

 

Esteban.- Como sabrán ha sido una larga, costosa y dura travesía desde, puedo ofrecerles una parte en joyas y otra en especie.

 

Mercader 3.- ¿De qué tipo?

 

Esteban.- Puedo heredarles un ejército de 120 jóvenes mujeres, ávidas en el arte de la seducción. En puertos como éste son oro molido.

 

Mercader 2.- Suena interesante, pero eso no es suficiente.

 

Mercader 1.- Necesitamos armas y fuerza de trabajo.

 

Esteban.- Pero solo hay soldados y niños.

 

Mercader 1.- No importa son bienvenidos.

 

Esteban.- ¿Qué tantas armas necesitan?

 

Mercader 1.- Las que puedas ofrecer además de plata, oro y joyas.

 

Esteban.- No hay problema las tenemos, además acceso al arsenal de armas del ejército por lo que podemos conseguirte unas 300 espadas, ballestas y escudos.

 

Roy.- Los mercaderes se quedaron viendo durante algunos segundos.

 

Esteban.- Además de un bono extra.

 

Roy.- Después de unos instantes todos coincidieron asintiendo con la cabeza.

 

Esteban.- ¿Trato hecho?

 

Mercader 1.- De acuerdo. Que me busquen mañana para hacer los cálculos necesarios y quedar en una cantidad justa. Las joyas deberán estar incluidas.

 

Roy.- Sellaron el trato con un apretón de manos.

 

Jean.- ¿En qué consistió el bono extra?

 

Roy.- No comas ansias, todo a su tiempo.

 

Jean.- No me hagas eso Roy. Eres cruel.

 

Roy.- En el puerto de Bríndisi Esteban planeaba con su grupo subir su valiosa y pesada carga al barco que ellos abordarían.

 

Ultrich.- Son demasiados barriles señor. ¿Qué hacemos?

 

Esteban.- Si gustas deja en puerto la parte que te corresponde.

 

Ultrich.- Pero señor eso no es justo. Además las provisiones tienen prioridad.

 

Esteban.- Entonces encuentra la forma. El viaje no es tan largo, no pasa nada si algunos se quedan sin comer un par de días.

 

Ultrich.- Pero señor, los víveres están resguardados por soldados de Ferdinand.

 

Esteban.- Los mismos que reciben favores de nuestras afanosas damas, además no hay quien aguante una dotación de plata y oro.

 

Ultrich.- Es usted un genio señor.

 

Esteban.- Has lo que tengas que hacer y sube todos y cada uno de los barriles. Los tengo bien contados y marcados.

 

Ultrich.- Sí señor hoy por la noche preparo todo.

 

Esteban.- Tenemos poco tiempo, solo tenemos un par de días antes de zarpar.

 

Jean.- Qué poca vergüenza.

 

Roy.- ¿La mía?

 

Jean.- Del tal Esteban.

 

Roy.- El amor por la riqueza no tiene límites. No hay guerra que no sea por afán riqueza lo demás son solo palabras.

Jean.- Así es, por eso la pluma es lo mío.

Roy.- Esa noche Ultrich hizo lo que se le encomendó. Llegó a los barcos con un ejército de damas y barriles de vino. Todos se escondieron bajo el manto de la obscuridad, ayudados por la tenue luz de la luna y algunas antorchas.

 

Soldado.- ¿Quién eres?

 

Ultrich.- Soy el lugarteniente del padre Esteban.

 

Soldado.- Ultrich, sí ya te reconocí. ¿Qué haces aquí?

 

Ultrich.- Solo vine a ver en qué lugar nos instalaremos.

 

Soldado.- El Sr. Ferdinand no ha determinado los barcos para cada batallón. Sólo víveres y armamento ya tienen su lugar. Hoy cargaron gran parte, mañana por la tarde ya estará definido en dónde les toca a ustedes.

 

Ultrich.- No te preocupes. Por ahora les traigo unos presentes a todos ustedes.

 

Soldado.- ¿De parte de quién?

 

Ultrich.- Del padre Esteban.

 

Soldado.- De acuerdo y de qué se trata porque ustedes no dan nada gratis.

 

Ultrich.- Me ofende señor, lo que sucede es que el padre Esteban quiere encontrar un lugar adecuado y confidencial para sus reliquias sagradas.

 

Soldado.- Pues la indicación es que no dejemos subir a nadie sin órdenes expresas de Ferdinand.

 

Ultrich.- En esta vida todo es posible. Tenga este pequeño presente.

 

Soldado.- ¿Qué es esto?

 

Ultrich.- Una pequeña bolsa con monedas de oro.

 

Roy.- El soldado verificó el contenido de la bolsa y en efecto, eran 10 monedas de oro y otras cuantas de plata.

 

Soldado.- ¿Tanto valen esas reliquias?

Ultrich.- No tiene idea señor, el valor espiritual es incalculable.

Soldado.- Pero… ¿y los demás soldados?

Ultrich.- No se preocupe que para todos hoy hemos traído presentes.

Roy.- Después de un silbido salieron de entre la obscuridad salen algunas damas que se acercaron a cada uno de los soldados. Tras de ellas las siguieron hombres cargando los barriles de vino.

Soldado.- ¡¿Quién vive?!

 

Ultrich.- No se preocupe que ellas no le quitarán más que el sueño. Escoja dos para usted y las demás para sus compañeros.

 

Roy.- Mientras que los soldados eran bien atendidos, Ultrich y los suyos llevaron a las bodegas de uno de los barcos los pesados cofres.

 

Ultrich.- Tenemos poco tiempo, síganme.

 

Roy.- Un grupo de cuarenta hombres llevaron los toneles de Esteban a las bodegas, pero todo estaba ya ocupado por cajas de alimentos y barriles de agua.

 

Ultrich.- Cada uno de ustedes deberá encontrar lugar para los toneles, aunque hagan varios viajes, tenemos toda la noche, si no hay espacio regresen con una cajas de comida o agua y llévenlas a donde Esteban, él les dirá qué hacer con ellas.

 

Roy.- Durante la noche hicieron su labor y cada uno de los 60 toneles fueron escondidos en específicos lugares. Al regresar a donde se encontraba Esteban dos soldados de Ferdinand observaron al grupo cargando los víveres.

 

Soldado.- ¿Quién anda ahí y qué llevan?

 

Ultrich.- Son encargos del padre Esteban.

 

Soldado.- Muéstrenme lo que llevan.

 

Ultrich.- Con mucho gusto señor.

 

Roy.- Ultrich y cuatro de sus gentes rodearon a los soldados, mientras observaban el contenido de una de las cajas la gente de Ultrich se acercaron sigilosamente y con cuchillo en mano cortaron cada una de las gargantas de aquellos desafortunados.

 

Ultrich.- Escojan las cajas más pesadas, átenlos a ellas y tírenlos al mar.

 

Roy.- La labor estaba hecha, los toneles encontraron un sitio a bordo y todos regresaron a descansar. Ultrich dio parte a Esteban de lo sucedido y al siguiente día por la tarde cada batallón abordó el barco asignado.

Al día siguiente informaron a Ferdinand de la ausencia de los dos guardias pero como tenían que zarpar lo antes posible no dio tanta importancia a la desaparición.

 

Esteban se las ingenió para viajar en el barco donde se resguardaban los toneles.

La mañana siguiente todos estaban organizando el abordaje y había filas a la entrada de cada barco. Como cada mañana Esteban salió a realizar su acostumbrado recorrido cuando en un reducido camino, lleno de charcos arremangó sus enaguas para no mancharlas. A unos metros delante de él se encontraban Vadoma y Bavol cubriendo el centro de un gran charco con trapos para que Esteban pasara.

 

Jean.- ¿Y ello quiénes eran?

 

Roy.- Los amigos de Auguste, los cirqueros.

 

Jean.- Ahhh ya recuerdo.

 

Vadome.- Por aquí mi señor.

 

Roy.- Esteban sorprendido por la buena acción de los muchachos, ufano y erguido se dispuso a pasar por donde estaban los trapos. A su paso Vadome y Badol le hacían una caravana, Esteban se detuvo, los miró con recelo y miró al piso y se percató que hacia ambos lados, debajo de los trapos, salían unas cuerdas y al final estaban Cappi y Kavi, quienes sin perder tiempo cortaron las cuerdas con cuchillos. Vadome y Badol corrieron y al grito de ¡Eeyyy! El piso sobre el que estaba parado Esteban era un tablón  sostenido por cuerdas y bajo de él un hoyo de unos 50 centímetros, inundado de estiércol. Esteban quedó cubierto de esa olorosa y pestilente mezcla, se cubrió el rostro y sacudió la cabeza  escupiendo partes de lodo y heces.

Esteban.- ¡Noooo! ¡Imbéciles! ¡Desgraciados!

 

Roy.- Ultrich intentaba inútilmente limpiar la túnica de Esteban, mientras los hermanos desaparecían entre la gente. Todos los presente reían a carcajadas y Esteban regresó a su tienda para asearse.

 

Jean.- La venganza es dulce.

 

Roy.- Sí que lo es, sobre todo cuando se hace en el momento oportuno. Ese día iniciaron su travesía y al siguiente día el mar estaba embravecido y el agua comenzó a entrar en la sentina.

 

Jean.- ¿Qué es eso?

 

Roy.- ¿Sentina?

 

Jean.- Sí.

 

Roy.- Es la parte más baja de la bodega, cavidad inferior de las embarcaciones, por las que usualmente se tiran las inmundicias y desperdicios.

 

Jean.- ¿Estaba demasiado pesado el barco?

 

Roy.- Así es, el peso de los toneles de Esteban, la carga y el número de niños era más de lo que aquel barco podía soportar.

 

Gerome.- Señor Ferdinand es demasiado el peso y las bodegas están comenzando a inundarse.

 

Ferdinand.- ¿Cuántos barcos?

 

Gerome.- Sólo el nuestro.

 

Ferdinand.- ¿Llevamos más soldados que los otros?

 

Gerome.- No señor, hay barcos que llevan más.

 

Ferdinand.- No entiendo. ¿Hay algún desperfecto?

 

Gerome.- No que yo sepa, el capitán me dice que el barco está en buenas condiciones. ¿Cómo aligeramos el peso señor?

 

Ferdinand.- Sólo que tiremos algo de comida esperemos que con eso se solucione el problema. Si nos falta comida durante el viaje dividimos los víveres de los otros barcos. Vamos a las bodegas.

 

Roy.- Ferdinand, Gerome, yo y algunos soldados bajamos a las bodegas.

 

Ferdinand.- Escojan los toneles más pesados, siempre y cuando no contengan agua y tírenlos al mar, esperamos no quedarnos sin comida, aunque es preferible tener hambre que sed.

 

Roy.- Todos comenzaron a revisar los toneles cuando.

 

Monje Roy.- ¡Señor!

 

Ferdinand.- ¿Qué sucede?

 

Monje Roy.- Estos toneles pesan más, mucho más que los otros.

 

Ferdinand.- Ábrelo.

 

Monje Roy.- Ya lo intentamos pero están sellados.

 

Roy.- Gerome buscó un hacha y lo abrió. En lugar de comida salieron objetos de oro y plata. Un gran medallón de oro con cadena calló a los pies de Ferdinand, mientras llegaron Esteban y su comitiva.

 

Ferdinand.- Estos no son víveres.

 

Gerome.- ¿Lo sé señor? Esteban, Ultrich y otros de sus escoltas fueron los primeros en abordar los barcos.

 

Ferdinand.- Son tuyos Esteban. Tú los mandaste subir sin mi consentimiento y a mis espaldas.

 

Esteban.- Lo siento mi señor pero es propiedad de la Santa Iglesia.

 

Ferdinand.- Espero que la Santa Iglesia sepa navegar un barco con exceso de peso.

 

Esteban.- Podemos negociarlo mi señor.

 

Roy.- Ferdinand se tomó unos segundo, miró a su alrededor y respiró profundo.

 

Ferdinand.- ¿Cuántos toneles metiste?

 

Alessandre.- 30 mi señor.

 

Ferdinand.- ¿Seguro Esteban?

 

Roy.- Esteban bajó la cabeza y respondió.

 

Esteban.- 40 mi señor.

 

Roy.- Ferdinand no alcanzaba a creerlo, movió la cabeza de lado a lado, se llevó las manos a la cintura y mirando al cielo suspiró.

 

Ferdinand.- ¡Has apilado esa fortuna bajo mis narices y nunca tuviste la decencia de comentármelo animal!

 

Esteban.- Se lo iba a decir en el momento apropiado.

 

Ferdinand.- ¿Cuándo?

 

Esteban.- Al llegar a Acre señor le doy mi palabra.

 

Ferdinand.- Tu palabra vale menos que un tonel de comida. Pude haberte ayudado y nos hubiera ido bien a los dos.

 

Esteban.- Podemos dividirlo.

 

Ferdinand.- ¿Y cómo aligeramos? ¿¡Tiramos niños al mar!?

 

Roy.- Esteban Subió los hombros en señal de resignación a lo que yo repliqué.

 

Monje Roy.- ¿No lo dirá en serio señor?

 

Ferdinand.- Denme uno momentos para pensar.

 

Monje Roy.- Ferdinand subió a cubierta y todos se quedaron en las bodegas.

 

Gerome.- Eres un imbécil Esteban, no solo trajiste a niños a un infierno, ahora los pones en riesgo de ser tirados por la borda.

 

Esteban.- Ustedes han hecho cosas peores en sus batallas.

 

Gerome.- No te atrevas insecto. Si fuera por mí ya estarías muerto.

 

Roy.- Todos se llevaron sus manos a las espadas.

 

Esteban.- Mantengamos la calma, aquí hay suficiente para todos.

 

Roy.- El agua seguía entrando cuando Ferdinand bajo con más soldados y el capitán del barco.

 

Ultrich.- Nos lo van a quitar señor.

 

Roy.- Ultrich desenvainó su espada y atacó a Gerome quien alcanzó a esquivar la embestida y continuó conmigo. Saqué mi espada y después de evitar un ataque a mi cabeza me incliné y Ultrich pasó de largo quedando clavado en mi espada mientras Gerome peleaba con otros dos de los bizarros de Esteban. En pocos segundos fueron sometidos por Ferdinand y sus soldados. Cuando todo se calmó buscamos a Esteban y lo encontramos agazapado tras de uno de los toneles del fondo.

 

Ferdinand.- Eres una basura Esteban.

 

Esteban.- Quédese con todo, solo déjeme 10 barriles mi señor. Tenga piedad.

 

Ferdinand.- Piedad es la última palabra que me viene a la cabeza cuando veo tu rostro.

 

Esteban.- Bueno, quédese con los 40 toneles.

 

Ferdinand.- Eso quisiera imbécil pero ¿qué hago con tanto niño?

 

Esteban.- No lo sé señor.

 

Roy.- Ferdinand volteó a ver al capitán del barco.

 

Capitán.- No señor, solo tirando todos los víveres. Desde un principio le dije a su gente que eran demasiados soldados y niños, sin contar con la nueva carga.

 

Ferdinand.- Ahí está tu respuesta Esteban. ¡Suban a todos!

 

Roy.- Al subir a cubierta todos los pasajeros del barco sabían que algo sucedía en las bodegas.

 

Ferdinand.- Cuánta gente está con Esteban.

 

Gerome.- 17 señor.

 

Ferdinand.- Suban 9 barriles.

 

Esteban.- Señor perdóneme la vida por favor, se lo pido en nombre de Dios.

 

Roy.- Ferdinand sacó su cuchillo y se lo puso a Esteban en la garganta. Esteban comenzó a llorar.

 

Esteban.- ¡No me mate señor se lo ruego!

 

Ferdinand.- No me voy a manchar con tu sangre.

 

Roy.- Esteban se arrodilló y tomó los pies de Ferdinand.

 

Esteban.- Gracias señor le debo la vida.

 

Ferdinand.- Así es Esteban, pero yo cobró mis deudas inmediatamente.

 

Esteban.- ¿Cómo señor?

 

Roy.- Los soldados ya estaban subiendo los toneles.

 

Ferdinand.- Amarren un tonel a cada uno de ellos y tírenlos por la borda. Dejen a Esteban para el final.

 

Esteban.- ¡No señor se lo ruego!

 

Ferdinand.- Ahora cobraré tu deuda.

 

Roy.- Ferdinand escogió a 8 de los hombres de Esteban y dio la orden para ser tirados por la borda amarrados a un tonel. El último fue Esteban quién para ese momento estaba aterrado, llorando y rezando.

 

Roy.- Esteban siempre portaba la cruz-daga que le quitó a Anatole, el asesino contratado para matarlo.

 

Ferdinand.- Te puedes llevar tus riquezas al único reino que conocerá tu alma, el infierno. ¡Tírenlo!

 

Roy.- En este momento Esteban sacó la daga de la cruz y la hundió en el estómago de Ferdinand.

 

Esteban.- Pero no me voy solo.

 

Roy.- De entre la gente salió Kavi con su mangual y asestó varios golpes a la espalda de Esteban, quien cayó al piso mostrando las cortadas que habían hecho el arma del muchacho. Gerome y otros más amarraron a Esteban a uno de los barriles y lo tiraron al mar.

 

Roy.- Te imaginarás el grito que lanzó Esteban al ser tirado. Muchos de los niños no pudieron dormir en días.

 

Jean.- Terrible, no se me ocurre otra palabra.

 

Roy.- Durante algunos segundos fue solo silencio sobre aquella cubierta. Los soldados y niños estaban aterrados por lo sucedido. La sangre de Esteban atrajo algunas aletas que hicieron de Esteban el desayuno de un grupo de tiburones.

Los otros ayudantes de Esteban estaban congelados por miedo de correr la misma suerte.

 

Ferdinand.- A todos aquellos que ayudaron a Esteban les perdonaré la vida, por el momento.

 

Gerome.- Pero señor con lo que tiramos no se soluciona el problema.

 

Roy.- Ferdinand se desplomó a causa de las heridas infringidas por Esteban pero continuó dando órdenes.

 

Ferdinand.- De acuerdo. ¡Señores!: Me acaban de informar que necesitamos aligerar más el barco. Tiraremos más toneles de comida y otros amigos de Esteban. Gerome, escójanlos al azar.

 

Roy.- Los secuaces de Esteban quisieron huir, no sé a dónde se puede escapar en un barco pero fueron sometidos inmediatamente. En segundos los soldados, Gerome y yo comenzamos a escoger a los más cercanos de Esteban, incluyendo su cocinero y fueron tirados por la borda junto con los toneles, solo así lograron estabilizar el barco.

 

Ferdinand.- ¿Capitán necesitamos aligerar más la carga?

 

Capitán.- No señor, ya fue suficiente.

 

Roy.- Ferdinand perdió el conocimiento.

 

Gerome.- ¡Que vengan los médicos!

 

Roy.- Ferdinand fue atendido por los médicos que limpiaron y secaron la herida, aplicando vino caliente, suturas y vendajes. Durante algunos días combatieron la pus con ungüentos a base de hierbas y con "Ungüentum sarracenicus" hecho a base de unciones mercuriales.

Durante dos días la salud de Ferdinand empeoró no sólo por la herida sino por la fuerte infección que le provocó aquella daga. Los esfuerzos de los galenos fueron insuficientes y Ferdinad murió al tercer día.

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