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XIV.- El éxodo

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Las batallas se imaginan diferentes con música

Roy.- Durante el camino Taimullah y yo disfrutamos de numerosas charlas. Recuerdo en especial una de ellas.

 

Taimullah.- Qué difícil es ver equidad en la supuesta justicia.

 

Monje Roy.- Cierto, es difícil pues cada uno tiene sus propias razones. La guerra no puede ser justa para ambas partes.

 

Taimullah.- En un conflicto alguien ataca y el otro defiende. Tal vez ahí veamos más claro el término real para la palabra justicia.

 

Monje Roy.- Aunque también es importante considerar la obligación que se siente cuando tus creencias se ven afectadas.

 

Taimullah.- O cuando vas a la guerra por mandato y no lo digo solo por tus reyes, nuestras tribus han pasado por eso durante siglos.

 

Roy.- Aisha y Auguste permanecían siempre cerca de nosotros y en esa ocasión escuchaba con atención cada palabra de nuestra charla.

 

Aisha.- ¿Y la muerte de las víctimas? ¿Eso no es parte de la injusticia de ambas partes?

 

Monje Roy.- Es un punto válido que no se contempla en los diseños de aquellos estrategas que planean las guerras.

 

Auguste.- No sólo somos víctimas de nuestros enemigos, sino en muchas ocasiones de los que se dicen nuestros amigos.

 

Monje Roy.- ¿Te refieres a Esteban?

 

Auguste.- Sí.

 

Roy.- Ahí me di cuenta que Auguste ya no era un niño, ya no pensaba como un adolescente, había madurado a paso veloz y sus pensamientos ya no eran los de un muchacho de su edad. Continuamos nuestro camino y las charlas entre ellos fueron numerosas, lo cual nos tenía en verdad felices a todos, tal vez porque lo sentíamos con una tregua entre la media luna y la cruz.

 

Monje Roy.- Oye amigo, yo guardo algunos recuerdos tuyos.

 

Taimullah.- ¿Sí, cuáles?

 

Roy.- Le mostré las cicatrices de cuello y cadera que me había dejado aquel primer encuentro.

 

Taimullah.- Qué puedo decirte amigo.

 

Monje Roy.- Ahora no hay de qué preocuparse, aunque, siempre quise tenerte frente a mí para decírtelo y “darte las gracias”.

 

Taimullah.- Quisiera regresar el tiempo pero no es posible. Si te hace sentir mejor puedes regresarme el favor.

 

Monje Roy.- Solo bromeo.

 

Taimullah.- Yo no, es en serio. El rencor es veneno puro.

 

Monje Roy.- De ninguna manera, ahora eres mi amigo. Solo es una broma ¿dónde está tu sentido de humor?

 

Taimullah.- Por eso estoy seguro que ahora eres protegido tanto por tu dios como por Alá.

 

Monje Roy.- Gracias, eso espero porque vamos a necesitar de toda la ayuda posible.

 

Roy.- Durante el camino Auguste y Aisha compartieron todos y cada uno de los pormenores de su corta pero interesante vida y cada día se les veía más felices.

Una extraña amistad estaba fraguándose y aunque pertenecían a diferentes mundos, ambos eran víctimas de la misma guerra. Auguste le detalló cada parte del penoso viaje desde que salió de Vendome.

 

Aisha.- Es increíble que vengas desde lejos y hayas sobrevivido a todas esas calamidades.

 

Auguste.- Por desgracia muchos no lo lograron. Por eso me veo obligado a regresar y contar todo lo que he visto.

 

Aisha.- Para que sus padres piensen dos veces en soltar a sus hijos en manos de tanto desgraciado que hay en tras buenas intenciones.

 

Auguste.- No es fácil Aisha. El sólo pensar que tu hijo entrará al paraíso con el Señor es tentador.

 

Aisha.- Yo nunca dejaré a mis hijos que pasen por algo así, aunque el premio sea el paraíso.

 

Auguste.- Después de lo que he pasado yo haría lo mismo que tú.

 

Aisha.- ¿Y si buscas a tus amigos gitanos en Acre?

 

Auguste.- Ya lo había pensado, pero no sé si Roy esté de acuerdo.

 

Aisha.- Es un buen hombre, no creo que se niegue.

 

Auguste.- Estoy dispuesto a repartir mi riqueza con ellos.

 

Jean.- Qué grupo tan extraño formaban. Tenían enemigos por todos lados y al mismo tiempo compartían diferentes lenguas y religiones.

 

Roy.- Cada quien por su lado tenía su propio enemigo, pero juntos teníamos enemigos en ambos lados. El camino a Acre fue de tensión y a nuestro paso tanto católicos como musulmanes nos veían extrañados.

 

Jean.- Tal vez pensaban que ellos eran sus esclavos o prisioneros.

 

Roy.- Tratamos de no llamar la atención pero era difícil no hacerlo. Al llegar a Acre acampamos en las afueras y nos reunimos para planear nuestros movimientos. Sebastián reunió a los soldados y todos hicimos un gran círculo.

 

Taimullah.- No podemos entrar a la ciudad todos al mismo tiempo porque llamaremos la atención.

 

Monje Roy.- Nos dividiremos en grupos. Sebastián dividirá a los soldados en dos grupos y se encargarán de comprar víveres y agua para el viaje a Brídisi. Ustedes resguardarán los toneles. Yo buscaré una embarcación para negociar el viaje.

 

Taimullah.- Te sugiero busques a los pescadores, nosotros te acompañamos para hablar con ellos.

 

Auguste.- Yo voy con ustedes.

 

Aisha.- Yo también.

 

Monje Roy.- Sebastián, es necesario que cambien de ropas para que no los reconozcan como soldados.

 

Sebastián.- Sí señor, así lo haremos.

 

Roy.- Aisha codeó a Auguste y aunque con duda se decidió a preguntar.

 

Auguste.- Roy, yo tengo una petición.

 

Monje Roy.- Dime Auguste.

 

Auguste.- Quiero pedirle permiso para buscar a los gitanos.

 

Monje Roy.- ¿Crees que quieran regresar con nosotros? Dejaron muy claro que Acre sería su nuevo hogar.

 

Auguste.- Pienso compartir mi riqueza con ellos.

 

Monje Roy.- Sin ellos no tuviéramos esa riqueza. Estamos en deuda. Yo compartiré la mía también.

 

Sebastián.- Nosotros también señor.

 

Taimullah.- ¿Quiénes son los gitanos?

 

Monje Roy.- Gracias a ellos tenemos los toneles.

 

Taimullah.- Cuenten con nosotros.

 

Monje Roy.- Bien, todo está arreglado pero no puedes apartarte del grupo.

 

Auguste.- Sí señor. No será difícil encontrarlos en las calles de Acre.

 

Roy.- Con cautela y sin llamar la atención entramos a la ciudad. Sebastián y su grupo compraron unas carretas

para cargar los víveres y mezclar el contenido de los barriles. Taimullah, su familia, Auguste y yo entramos con ropas de lugareños para no llamar la atención.

 

Taimullah.- Debemos tener cuidado con los hashashins.

 

Monje Roy.- ¿Cómo? ¿Por qué?

 

Jean.- Los hashashins o “Guardianes de la tierra santa” ¿estaban tras ustedes? Sólo eso les faltaba.

 

Roy.- Entonces ¿sabes quiénes eran ellos?

 

Jean.- Su creador era Hassan el Sabbah, llamado el Primer Maestre creó este grupo en la fortaleza de Alamut hace casi dos siglos.

 

Roy.- Tu conocimiento no deja de asombrarme. Pues Taimullah sabía bastante del tema.

 

Taimullah.- ¿Qué sabes de los hashashins Roy?

 

Monje Roy.- Que usaban capas blancas, como nosotros los templarios, con distintivos rojos y un cinturón.

 

Taimullah.- El gran maestre era Hassan, estaban los Dais o grandes priores, los Refik o caballeros, Los Fidawi o escuderos y por último los Lassik o sirvientes.

 

Monje Roy.- Y tú eras…

 

Taimullah.- Refik.

 

Monje Roy.- O sea, caballero.

 

Taimullah.- Yo pertenecía al grupo de Kia-Buzurgomid, hijo del fallecido Hassan. Aunque gran parte se concentraba en apoyar las labores de los Taouq, dedicados a construir fortalezas.

 

Roy.- Aisha y Auguste escuchaban con gran interés y curiosidad.

 

Auguste.- ¿Qué más señor?

 

Taimullah.- El sólo hecho de comentarles todo esto sería penado con mi muerte.

 

Monje Roy.- Por eso se sabe tan poco. Son una leyenda, un secreto a voces.

 

Taimullah.- Digamos que éramos la contra parte de los templarios. Agentes escuderos trabajan en comandos de seis hombres y llegaron a asesinar reyes, emperadores, funcionarios árabes y líderes religiosos.

 

Roy.- Pero nosotros no somos funcionarios ni líderes religiosos.

 

Taimullah.- Lo sé, déjame explicarte.

 

Aisha.- ¿Los hashashins son asesinos?

 

Taimullah.- Considerados como los mejores.

 

Monje Roy.- ¿Es cierto que consumen hashish antes de pelear o de concretar alguno de sus encargos?

 

Taimullah.- La mayoría. Fuimos entrenados en equitación, manejo de armas, estrategia militar, camuflaje,

recopilación de información y otras cosas.

 

Monje Roy.- Déjame preguntarte algo.

 

Taimullah.- Dime

 

Monje Roy.- ¿Lo de la cuchilla es cierto?

 

Roy.- Taimullah levanto su brazo derecho y con la mano izquierda oprimió un mecanismo que hizo salir una afilada cuchilla desde donde inicia la palma de su mano, sustituyendo su dedo medio, rebasando sus dedos por más de 10 centímetros.

 

Taimullah.- ¿Eso responde tu pregunta?

 

Aisha.- ¡Por eso no tiene dedo medio señor!

 

Taimullah.- Así es, no podía decírtelo porque no esperaba que sucediera todo esto.

 

Monje Roy.- De acuerdo, pero sigo sin entender por qué debemos tener cuidado de los hashashins. Vamos por partes. Tú eras uno de ellos.

 

Taimullah.- Sí.

 

Monje Roy.- Los hashashins han sido enemigos mortales de Saladino.

 

Taimullah.- Así es.

 

Monje Roy.- Tú eras enemigo de Saladino.

 

Taimullah.- Sí.

 

Monje Roy.- Entonces ¿cómo es que tú trabajas para Saladino?

 

Taimullah.- ¿Supiste del atentado contra Saladino?

 

Monje Roy.- Algo supe.

 

Taimullah.- Rashid ad-Din Sinan era uno de nuestros líderes y se le encargó el asesinato de Saladino.

 

Monje Roy.- ¿La causa?

 

Taimullah.- Nur al-Din era muy poderoso, contaba con el apoyo de Saladino y aunque tenían algunas diferencias habían logrado ganar algunas batallas. Cuando muere Nur al-Din hereda su poder a As-Salih, un joven de 11 años de edad, que se vuelve enemigo a muerte de Saladino.

 

Monje Roy.- ¿Me quieres volver loco Taimullah?

 

Taimullah.- Jaja, no amigo en breve entenderás.

 

Monje Roy.- De acuerdo, continúa.

 

Taimullah.- El joven heredero contrató los servicios de Sinan para asesinar a Saladino o para lograr que saliera de sus territorios. Por lo que Saladino ordenó dejar tiza y arena alrededor de su tienda en el sitio de Masyaf para poder ver las huellas de posibles asesinos además de poner más antorchas alrededor para que las sombras no guardaran ninguna sorpresa. Esa noche los guardias vieron un estallido y una sombra desapareciendo de entre las tiendas. Saladino despertó de su sueño y vio una figura abandonando su tienda. La cama tenía marcas de cuchillos y una nota clavada en una daga envenenada que le advertía de que sería asesinado si no se retiraba. Saladino gritó, afirmando que la figura había sido el mismísimo Sinan y ordenó a sus guardias reunirse con As-Salih para llegar a un acuerdo. 

 

Monje Roy.- Por supuesto que no lo quería muerto porque tuvieron la oportunidad.

 

Taimullah.- Solo querían asustarlo para contar con sus tropas y liderazgo.

 

Monje Roy.- ¿Y tú qué parte ocupas en este rompecabezas?

 

Taimullah.- Yo fui el que planeó el atentado.

 

Monje Roy.- ¿Cómo?

 

Taimullah.- Dimos con las familias de los tres guardias más cercanos a Saladino con lo cual tuvimos su total cooperación.

 

Monje Roy.- ¿Ellos mismo entraron a la tienda de Saladino ¿Y si despertaba?

 

Taimullah.- Le dieron un brebaje que lo mantenía aturdido.

 

Monje Roy.- ¿Y el estallido?

 

Taimullah.- Sólo una distracción.

 

Monje Roy.- Aún no entiendo cómo te volviste tan cercano a Saladino.

 

Aisha.- Déjelo señor es muy interesante lo que nos platica.

 

Auguste.- Es toda una aventura, tenga paciencia Roy.

 

Monje Roy.- Ahhhh, de acuerdo. Somos todo oídos.

 

Taimullah.- Mi hijo Raif y yo acompañamos a gente cercana a Saladino durante casi dos años esperando la indicación de mi secta para asesinarlo o ejecutar el atentado.

 

Monje Roy.- Eras un espía.

 

Taimullah.- Así es. Un día estábamos acampando cuando cuatro representantes de una tribu solicitaron audiencia con Saladino. Sus intenciones eran otras puesto que muchos lo consideraban traidor por hacer pactos de paz con los cruzados. Este grupo logró desarmar a dos de sus guardias lanzando dardos envenenados al cuello, tomaron sus armas y atacaron a Saladino cuando Raif mi hijo le servía agua. Saladino logró protegerlo deteniendo con su espada un golpe que iba dirigido a la cabeza de mi hijo. Saladino lo derribó de una patada y acabó con dos de ellos mientras otros integrantes de su guardia personal acabaron con los dos restantes. Cuando el ataque terminó nos percatamos que mi hijo también tenía un dardo envenenado, Saladino lo cargó y llamó a sus médicos, pero después de dos días falleció. Saladino ordenó hacerle los honores de una muerte heroica. Desde entonces me mantenía cercano a él y me hizo la encomienda de comprar armas con las joyas del cofre que resguardo. Hasta el día de hoy vivo agradecido con ese gran señor. Entendí lo equivocado que estaba porque sin él, los cruzados ya habrían conquistado gran parte de nuestras tierras.

 

Monje Roy.- Pero, ahora eres un enemigo de los hashashins.

 

Taimullah.- Así es amigo mío. Pero también de Saladino.

 

Monje Roy.- Ahora que lo vi, cuando nos perdonó la vida y nos dejó ir, reflejaba en su cara cansancio y debilidad.

 

Taimullah.- Todos dicen que no le falta mucho para morir.

 

Roy.- Debemos tener mucho cuidado en Acre, recuerda que ambos contamos con enemigos y por si fuera poco, al desembarcar en Bríndisi estoy seguro que Gerome tendrá espías.

 

Taimullah.-  Gerome es…

 

Monje Roy.- El que quería quedarse con los toneles.

 

Taimullah.- Ahh si, ya recuerdo. Es que me has contado tantas cosas que me confundo.

 

Roy.- Entramos a la ciudad de Acre y cuando nos dirigíamos al puerto vimos un grupo de gente aplaudiendo.

Auguste corrió y se perdió entre el tumulto. Yo lo vigilé de cerca.

En el centro de la gente los jóvenes gitanos habían realizado su presentación acostumbrada y pedía unas monedas a los asistentes.

 

Auguste.- ¡Aquí! ¡Aquí hay unas monedas para ustedes!

 

Roy.- Kavi se acercó a donde Auguste y sin reconocerlo a causa de las ropas que vestía, recibió un par de monedas.

 

Kavi.- Gracias señor.

 

Roy.- Auguste lo abrazó.

 

Kavi.- No es para tanto señor pero gracias.

 

Auguste.- Soy yo amigo, Auguste.

 

Kavi.- ¡Auguste! ¡Qué gusto volverte a ver! ¿Dónde has estado?

 

Roy.- Pasaron un par de horas charlando y poniéndose al día. Noté el momento en que Auguste les dio la noticia de que ahora pertenecían a nuestro grupo,  por los gritos y saltos que dieron. A partir de ahora esos buenos muchachos ya no tendrían carencias ni problemas económicos. Buscamos un lugar dónde hospedarnos y los gitanos nos llevaron a una casa que rentamos por unos días mientras hacíamos los arreglos planeados.

Durante cuatro días realizamos la tarea que cada uno se había propuesto. La embarcación había sido negociada con un grupo de pescadores, los víveres ya habían sido llevados a la bodega. Todo estaba listo para partir al día siguiente cuando al salir de un hostal acompañado de Taimullah, Aisha, Auguste, Kavi, Cappi, Sebastián y un par de soldados, pasamos por un mercado callejero y nos detuvimos en algunos puestos para disfrutar de frutos y algunos productos que las tribus traían de varios lugares. De pronto un anciano arropado con atuendo de moje se no acercó y mientras nos mostraba unos frutos me dijo con voz baja.

 

Anciano.- Señor Roy.

 

Monje Roy.- Sí, ¿quién eres?

 

Anciano.- No mire por favor. Los dos hombres que están a unos veinte metros frente a usted con ropas negras y rojas son hashashins y siguen a su amigo árabe. Los cuatro que están a su izquierda a unos 10 metros en el puesto de dátiles son enviados por Saladino y también buscan a su amigo y finalmente los tres soldados que están a su derecha en el puesto de sedas son enviados por Gerome.

 

Monje Roy.- ¿Todos ellos vienen juntos?

 

Anciano.- No lo creo. Lo más posible es que todos sabemos que mañana partirán a Bríndisi.

 

Monje Roy.- ¿Cómos saben todo eso?

 

Anciano.- Soy el portador de los saludos de mi Señor Fiorenzo, quien le manda decir que la deuda está pagada.

 

Monje Roy.-  Le regresa mi más sincero agradecimiento.

 

Anciano.- Es necesario que me compre las frutas para no levantar sospecha.

 

Roy.- Le di un par de monedas al anciano y en segundos lo perdí de vista.

 

Monje Roy.- Taimullah y yo nos encargamos de los hashashins.

 

Sebastián.- Nosotros nos encargamos de los soldados de Saladino.

 

Kavi.- Nosotros nos encargamos de los soldados de Gerome, será un verdadero placer.

 

Auguste.- Yo voy con ellos.

 

Aisha.- Yo también.

 

Taimullah.- No hija. Tú te quedas fuera de esto.

 

Monje Roy.- Ten mucho cuidado Auguste. ¿Tienes tu arco y flechas?

 

Auguste.- Sí señor.

 

Monje Roy.- Necesitamos una distracción.

 

Cappi.- Nosotros nos encargamos. Auguste, guarda mi vara y el mayal de Kavi, cuando grite “¡Vendome!” nos das nuestras armas.

 

Roy.- Sebastián dio las indicaciones a sus compañeros de batalla.

 

Sebastián.- Amigos, ellos son cuatro y nosotros tres, vamos a acercarnos cuando los gitanos inicien su actuación y atacamos a la misma voz de Cappi. La sorpresa será decisiva.

 

Taimullah.- Los hashashins no son fáciles de engañar. Sugiero que nos separemos, vienen tras de mí.

 

Monje Roy.- Cuando los gitanos comiencen te pones delante de los hashashins y yo atrás de ellos. Te cubro.

 

Aisha.- Al grito de Cappi yo me encargo de uno de ellos. Yo te cuido Taimullah.

 

Monje Roy.- Es peligros Taimullah, pero creo que puede funcionar.

 

Monje Roy.- ¿Listos?

 

Todos.- Sí.

 

Roy.- Los muchachos se acercaron a los soldados de Gerome y comenzaron a hacer su actuación acostumbrada. Muchas personas los rodearon y ellos comenzaron a realizar su acostumbrada actuación. Todos tomamos nuestra posición y cuando Cappi gritó ¡“Vendome”! Auguste les lanzo sus armas. Kavi degolló a uno de ellos con su mayal y Cappi derribó a otro de un golpe en la cabeza. El tercero fue ultimado por una flecha de Auguste. Cuando se levantó el que derribó Cappi y desenfundó su espada fue víctima del mayal de

 

Kavi. Solo recuerdo haber visto en el suelo una mano empuñando su espada.

Entre la confusión la gente corrió hacia todos lados mientras Sebastián y sus dos hombres enfrentaban a los enviados de Saladino. Inicialmente estaban superados en número pero con la ayuda de Kavi, Cappi y Auguste lograron someterlos. Dos de ellos murieron y uno de ellos logró huir.

Antes de que la batalla comenzara Taimullah se colocó frente a los hashashins, quienes se voltearon a ver sonriendo, agradecidos con el destino por haber puesto frente a ellos a su escurridiza víctima. Cuando

 

Taimullah escuchó tras de sí el sonido de las cuchillas saliendo de los brazos de sus enemigos, giró y lanzó su ataque a la garganta del que tenía frente a él, quien logró esquivarlo, al tiempo que yo hundía mi estoque en la espalda del otro. Taimullah y el hashashin sobreviviente se enredaron en una pelea que duró varios minutos. Al verse superado el hashashin intentó escapar, no sin hacer un último intento para asesinar a Taimullah con una cerbatana y dardos envenenados que pasaron cerca, sin embargo para ese momento ya estaba rodeado por todos nosotros, sorpresivamente y sin que nadie lo esperara, Aisha le lanzó una daga acertando en el cuello. Aquel hombre cayó estrepitosamente sobre el puesto de dátiles.

 

Taimullah.- Sebastián, te pediré un favor y necesito que absolutamente nadie lo sepa. Te pido confíes en mí, es por el bien de todos nosotros.

 

Sebastián.- Me tiene sorprendido. Diga ya de qué se trata.

 

Taimullah.- Necesito que cargues a uno de los muertos, lo lleves a la embarcación, lo metas en un tonel, lo sales y lo cierres.

 

Roy.- Sebastián no alcanzaba entender nada y parecía que la cabeza le iba a explotar de tanto pensar.

 

Sebastián.- No me importa para que sea mientras no dañe a ninguno de nosotros.

 

Taimullah.- Te doy mi palabra que ese cadáver será uno de nuestros salvadores.

 

Sebastián.- ¡Dios nos proteja! De acuerdo.

 

Taimullah.- ¡A nadie!

 

Sebastián.- De acuerdo.

 

Taimullah.- Otra cosa.

 

Sebastián.- ¿Hay más?

 

Taimullah.- ¿Sabes dónde guarda su toga Roy?

Sebastián.- Sí.

 

Taimullah.- La metes en el mismo tonel. Llegando a Bríndisi consigues 30 costales de sal.

 

Sebastián.- No entiendo, pero si tú dices, así lo haré.

 

Taimullah.- Empeño mi vida en ello.

Esa noche todos dormimos en el barco y zarpamos al amanecer rumbo a Bríndisi.

 

Jean.- ¡Que historia Roy! Es increíble pensar que estoy hablando contigo. ¿En verdad todo eso que me has

contado, es cierto?

 

Roy.- Pronto podrás comprobarlo. Durante el viaje Auguste y Aisha continuaron charlando, conociéndose mejor, buscando puntos de coincidencia y de discordia.

 

Aisha.- Me duele dejar mi tierra.

 

Auguste.- ¿Pero cuál tierra si es pura arena?

 

Aisha.- ¡Tú me entendiste Auguste!

 

Auguste.- Sí, lo sé. Pero a donde vamos hay mucha agua y plantas.

 

Aisha.- ¿Es como nuestros oasis?

 

Auguste.- Hay lagos y muchos bosques.

 

Aisha.- ¿Y también mucho sol?

 

Auguste.- Mmmmm…No tanto como en tu tierra.

 

Aisha.- Entonces hace frío.

 

Auguste.- Sí, vas a tener que acostumbrarte.

 

Aisha.- Ya me acostumbraré aunque no hay día que no recuerde a mi familia.

 

Auguste.- A ellos siempre los vas a llevar contigo, a todos lados. Ahora tienes dos familias.

 

Aisha.- Sí lo sé, gracias. ¿Ya no me odias?

 

Auguste.- No digas eso. El pasado no se puede borrar pero podemos escribir  mucho de lo que vendrá.

 

Aisha.- Y para eso tenemos una vida.

 

Auguste.- Bueno, esperemos llegar a salvo, solo falta que Gerome no esté esperándonos en Bríndisi.

 

Aisha.- ¿Gerome es el que se quería quedar con los barriles?

 

Auguste.- Sí, ese mismo.

 

Aisha.- No te preocupes Roy y Taimullah saben lo que hacen.

 

Auguste.- Roy se ha convertido en un padre para mí.

 

Aisha.- Taimullah, Lufti y Taleb son en verdad mi familia.

 

Auguste.- La vida nos ha regresado algo de lo que nos quitó un día con tanto dolor.

 

Aisha.- No siempre es así. Debemos estar agradecidos con Alá.

 

Auguste.- Y con Dios. Extraño a Marie, mi bella madre.

 

Aisha.- ¿En verdad es bella?

 

Auguste.- Es hermosa.

 

Aisha.- ¿Cómo es?

 

Auguste.- Cabello largo y negro, como el tuyo, blanca con la luna, ojos azules como el cielo y siempre huele a flores.

 

Aisha.- Cuando tenga mi casa estará rodeada de geranios.

 

Auguste.- ¿Cómo son?

 

Aisha.- Son de color rosa, su olor es muy dulces y sus pétalos de seda.

 

Auguste.- No sé si esas flores existan en mi tierra pero te regalaré para tu casa muchas rosas.

 

Aisha.- Además el aceite de geranios es bueno para muchas cosas.

 

Auguste.- ¿Cómo cuáles?

 

Aisha.- Para infecciones, cicatrizante, aleja a los insectos y otras cosas.

 

Auguste.- ¿Cómo sabes de flores?

 

Aisha.- Mi madre sabía mucho de remedios.

 

Roy.- Y así tuvieron muchas charlas. A todos nos encantaba verlos reír.

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