
XV.- Llegando a casa
El viaje no fue el mismo sin una música épica

Roy.- Al amanecer llegamos sin más sobresaltos a Brínidi, nos tocó un mar gentil.
Taimullah.- ¿Qué hacemos Roy? ¿Cómo nos organizamos?
Monje Roy.- Yo buscaré caballos para nosotros y carretas para nuestra preciosa carga. Me llevo a cinco soldados. Sebastián buscará los víveres. Tú te quedas en el barco para organizar todo.
Taimullah.- ¿Puedo pedirte un favor?
Monje Roy.- Dime.
Taimullah.- ¿Puedo quedarme con Sebastián y cinco de sus hombres para que me ayuden?
Monje Roy.- De acuerdo. Sebastián organiza a los soldados para que consigan todo lo antes posible. Quisiera partir en unas horas.
Sebastián.- Así lo haremos Roy.
Auguste.- Aisha, los gitanos y yo ¿podemos dar una vuelta?
Monje Roy.- Sí pero no se alejen mucho. Recuerden que los soldados de Gerome están tras de nosotros.
Roy.- Todos nos abocamos a nuestras tareas. En un par de horas una barcaza, cargada con barriles, a unos veinte metros del puerto comenzaba a hundirse mientras un hombre con atuendo de templario gritaba por ayuda. La gente en puerto comenzó a reunirse mientras el hombre que se hundía mostraba unos objetos de oro que reflejaban los rayos del sol.
Hombre.- ¡Ayuda! Llevo oro y plata. ¡Ayuda!
Roy.- Muchos de los hombres se tiraron al mar, mientras pequeñas embarcaciones acudían motivados más por la carga que llevaba la barcaza que por la ayuda misma. La barcaza se hundía y el hombre desapareció en el mar. Muchos de los hombres que acudieron por ayuda se concentraron más en recuperar la carga. Para ese momento la barcaza se había hundido junto con los barriles.
Algunos hombres que se habían sumergido salieron con artículos de oro y plata. En el puerto había una gran algarabía y cinco hombres comenzaron a difundir rumores como: “Ese hombre es Esteban, el de la cruzada de los niños”, “Esos barriles están llenos de oro y plata”, “Ese hombre trae el tesoro de Saladino”. Los rumores corrieron como agua y decenas se tiraron al mar buscando una parte del supuesto tesoro cuando yo llegué con carretas y caballos.
Monje Roy.- ¿Qué sucede?
Anciano.- Se hundió una barcaza con el tesoro de Saladino.
Monje Roy.- ¿¡Qué!?
Roy.- Corrimos a la bodega del barco y al llegar todo estaba en orden.
Sebastián.- Todo fue idea de Taimullah.
Monje Roy.- ¿Qué pasó con los barriles?
Sebastián.- Aquí están.
Monje Roy.- ¿Y Taimullah?
Roy.- Taimullah entró totalmente mojado.
Taimullah.- Aquí estoy.
Monje Roy.- ¿Qué sucede?
Taimullah.- No te preocupe Roy. Gerome ya no te va a buscar.
Monje Roy.- Entonces…los barriles…
Taimullah.- Están a salvo. Todos menos uno. Distribuí su contenido entre todos y lo mezclé con sal, para que se hundieran unos segundos y al poco tiempo flotaran a la deriva.
Monje Roy.- Y eso del “Tesoro de Saladino”.
Taimullah.- No puedes sembrar una idea en la gente sin rumores.
Jean.- ¡Eres un diablo Taimullah!
Roy.- ¿Por qué no me lo dijiste antes?
Taimullah.- No estaba seguro que estuvieras de acuerdo.
Monje Roy.- ¿Por qué no? Fue una excelente jugada. Es bueno estar de tu lado.
Roy.- Todos nos reímos y explicamos lo sucedido a los demás en cuanto llegaron. Aprovechamos la confusión para partir a Vendome.
Jean.- ¿Y de Gerome nada?
Roy.- Supongo que alguno de sus espías presenciaron el suceso. Ya no supimos más de él.
Jean.- ¿Y de regreso ya no pasó nada?
Roy.- Fue un viaje en calma. La primavera en los Alpes fue benigna. Paramos en Venecia unos días y llegamos a Vendome.
Jean.- ¡Qué historia! Te pregunto de nuevo ¿no son cuentos? Tú me dijiste que podía comprobarlo. ¿Cómo?
Roy.- ¿Ves esa construcción?
Jean.- Sí.
Roy.- Fue construída en el 1070 por Humbaud d' Huriel con fines defensivos, cuenta con muros gruesos.
Jean.- Sí, sí pero ¿qué tiene que ver con la historia?
Roy.- Entremos.
Jean.- ¿Para qué?
Al entrar salieron algunos hombres que saludaron a Roy mientras gritaban: ¡Ya llegó!, ¡Roy está aquí! Tres jóvenes gitanos se acercaron haciendo piruetas y brincos. A continuación salieron algunos soldados que les dieron la bienvenida y tras de ellos un hombre de baja estatura se acercó y le dio un fraternal abrazo.
Jean.- Usted es…
El hombre respondió: Taimullah es mi nombre y esta su casa. Roy, hermano te extrañamos.
Jean.- Volteó a ver a Roy.
Roy.- Cierra la boca Jean se te va a llenar de moscas.
La gente se dividió para dar paso a dos jóvenes adultos, que abrazaron a Roy.
Roy.- Jean, te presento a los señores Auguste y Aisha.
Jean dio un eufórico abrazo a los dos mientras decía:
Jean.- Niños, niños, benditos niños.
Aisha y Auguste se quedaron sorprendidos.
Roy.- Ya les platicaré más adelante. Ahora entremos que morimos de hambre.
Fin
ACOTACIÓN
Esta novela está basada en hechos reales, aunque el desarrollo es ficción. Los sucesos nombrados cuentan con fundamentos históricos.
La realidad de la cruzada de los niños está resumida en el capítulo XII llamado Marsella.
Arturo Botello Flores.
Febrero de 2014