
IV.- Perdida en un mundo conocido
La imaginación se nutre de música

Roy.- Estoy cansado y ya va caer la tarde, descansemos y comamos algo para continuar al amanecer.
Jean.- Sí Roy, creí que nunca lo ibas a proponer. Ya tengo el trasero tan cansado que no lo siento.
Roy.- ¿No te has acostumbrado en tantos viajes?
Jean.- Siempre me gustó viajar en carreta, no nací para la silla de montar.
Roy.- Sólo son un par de días.
Jean.- Qué bueno porque solo tengo un par de ellas. Tú porque naciste en una montura.
Roy.- Casi, pero dime, ¿por qué ya no vas de escribano a las batallas?
Jean.- Después de escribir lo que presencié en más de treinta batallas, no hay mucho que agregar. La misma podredumbre, las mismas ansias de riqueza, el mismo hedor. ¿Qué te puedo decir? Tú sabes más de eso que yo.
Roy.- Es la misma razón por la que ahora ayudo a los Señores a organizar sus ejércitos.
Jean.- Tú llevas la espada y yo la pluma.
Roy.- Qué poético pero si no te apresuras comerás solo tinta.
Jean.- Pues si fuera comestible no tendríamos que buscar alimento.
Roy.- ¿Por qué?
Jean.- Porque yo la hago.
Roy.- ¿Cómo que la haces?
Jean.- Soy alquimista ¿Recuerdas?
Roy.- Ah sí ya recuerdo, una de tus tantas profesiones.
Jean.- No te burles, con los elementos adecuados puede hacer fuego griego, cerámica, licores y otras cosas.
Roy.- Puedes ser de mucha utilidad.
Jean.- Yo hago la fogata y tú cocinas. Mientras tanto continua que esa historia tiene
más esencia que todas las que he narrado.
Roy.- De acuerdo, continúo.
Aisha era una perla perdida en un mundo conocido, era como una gema entre la bastedad de la arena, el sol y la incertidumbre.
Pasaba por un niño más entre los hijos de diversas tribus. Apartada de los demás solo buscaba la forma de subsistir ayudando en los quehaceres propios de niños varones, por temor a ser descubierta, porque sabía que sola y desamparada podía ser presa fácil de cualquier adulto, adolescente o traficante de esclavas.
Grupos de niños jugaban en ardides de adultos prematuros mientras Aisha solo contemplaba la luna llena y recordaba con nostalgia a sus hermanos cuando la perseguían y ella se escondía tras algún tiendón, al tiempo que escuchaba los gritos de su madre llamándolos a comer o cenar.
Había vivido una etapa de normalidad familiar, bajo la protección de Abdul, su padre, un hombre adusto, de semblante serio pero jovial era tierno con su “perla negra”, como solía llamarla y Anaía, su madre, mujer abnegada y dedicada al cuidado de su familia la trataba con un poco más de dureza pero siempre con amor.
Aisha buscaba diariamente una causa que justificara la muerte de sus seres amados, del cambio de rumbo que su vida había tomado en forma tomó intempestiva, pero no encontraba respuesta alguna que explicara por qué le habían robado todo lo que poseía, su pasado y su presente, pero no dejarían que le arrancaran un futuro del que ella sería dueña absoluta.
Sabía que tenía por delante un mundo desconocido por recorrer y necesitaría todas sus fuerzas para sobrevivir en un ambiente regido por adultos que en su mayoría se convertían en soldados defensores de Alá, pero ¿contra quienes? ¿por qué? ¿cuál era la causa de esas batallas estériles? Eran demasiadas preguntas, eran demasiadas muertes. A menudo el cansancio de las caminatas, el trabajo, la búsqueda de alimento y agua terminaban por vencerla. Al final del día se resguardaba en un sueño poco profundo donde aún podía dialogar con sus padres y hermanos, donde aún podía percibir el aroma del cabello de su madre, el sudor añejo de su padre, resultado de un arduo día de trabajo, donde podía escuchar las sonrisas de sus hermanos diciendo su nombre ¡Aisha!, al despertar tan solo un par de lágrimas brotaban de sus tiernos ojos de pupilas encendidas.
El sol del amanecer cubrió la cara de Aisha y después de una noche de sueños interrumpidos por constantes sobresaltos por fin se levantó.
Aisha se unió a una caravana lidereada por Taimullah, un hombre inteligente, fuerte, de estatura media y 45 años de edad que daba órdenes a diestra y siniestra, organizando las tareas de cada una de las 18 familias que formaban el grupo.
La familia de Taimullah, que en árabe significa “sirviente de dios”, estaba compuesta por su esposa Lutfi (amistosa), mujer bella e inteligente y Táleb (buscador de la verdad), joven adolescente y aprendiz de todo lo que hacía su padre.
Como todas las mañanas Taimullah se levantó temprano para revisar una caja de madera sin dejar entrar a nadie al tiendón. Tardó unos minutos y después salió mirando a los alrededores, Lufti quien la esperaba afuera se acercó y algo le murmuró. Taimullah como todos los días atendió a su caballo negro azabache. Aisha lo observa a corta distancia, con precaución.
Taimullah.- Acércate, no le tengas miedo.
Aisha se acercó por un costado.
Aisha se había cambiado el nombre por Zahir que significa “brillar”.
Zahir (Aisha).- Qué bello, es muy elegante señor.
Taimullah.- Se llama Malek, significa rey o príncipe. Es todo un caballo de sangre árabe. Tiene una reputación de inteligente, son de carácter fuerte y sumamente resistentes. Son el mejor compañero del desierto. Toma el cepillo hazlo tú, sin miedo.
Mientras Taimullah cepillaba a Malek Aisha notó que le faltaba el dedo el dedo índice de la mano derecha.
Zahir (Aisha).- ¿Algún accidente señor?
Taimullah.- ¿A qué te refieres joven?
Zahir (Aisha).- Su dedo señor.
Taimullah.- Mmmm, sí eso fue. ¿Quieres o no cepillar a Malek?
Zahir (Aisha).- Perdóneme señor no quise molestar.
Taimllah.- No te preocupes acércate no te hará daño.
Roy.- Aisha se acerca y comienza a cepillarlo, mientras Malek gira la cabeza y mira a Aisha, ella se detiene por un momento.
Taimullah.- Le agradas, continúa. Esta raza es orgullosa y les encanta erguir la cabeza y la cola siempre muy en alto. Además son muy veloces. ¿Qué me cuentas de tus padres, escapaste de casa?
Zahir (Aisha).- No mi señor, toda mi familia murió cuando llegaron los cruzados.
Taimullah.- Lo siento hijo, esta guerra ha dejado demasiados huérfanos. Yo también perdí muchos amigos y familia hace ya algunos años. Uno de ellos era mi primogénito Raif (compasivo).
Zahir (Aisha).- Lo siento.
Roy.- Aunque con curiosidad, Aisha no quiso incomodar más a Taimullah y prefirió cambiar el tema.
Zahir (Aisha).- ¿Usted fue soldado?
Taimullah.- Todo hemos tenido que serlo en algún momento.
Zahir (Aisha).- Entonces sabe manejar la espada, ¿puede enseñarme?
Taimullah.- ¿Para qué? ¿Quieres ser soldado?
Zahir (Aisha).- Usted dijo que todos en algún momento debemos serlo.
Taimullah.- Pues sí, la pregunta no es si lo seremos, sino cuándo.
Zahir (Aisha).- Entonces… ¿me enseñará?
Taimullah.- Como verás soy de baja estatura y empuñar una espada no es lo mío, aunque se defenderme.
Zahir (Aisha).- ¿Qué arma utiliza señor?
Taimullah.- Mi especialidad son los cuchillos.
Zahir (Aisha).- ¿Por qué señor? Es más grande una espada.
Taimullah.- Muchos de los soldados cruzados son altos y mi desventaja es la estatura, además soy torpe para la espada.
Zahir (Aisha).- ¿Me podría enseñar?
Taimullah.- ¿Por qué no?
Taimullah sacó de una alforja un bulto que extendió, donde tenía organizadas 40 dagas. Taimullah.- Toma este pedazo de carne seca y colócalo al pié de aquella palmera.
Zahir (Aisha) hizo lo que se le indicó y regresó con Taimullah, quien tomó una de las dagas y la lanzó certeramente asestando al centro del pedazo de carne seca.
Zahir (Aisha).- ¡Qué puntería señor!
Taimullah.- Todo depende de la distancia a la que se encuentre tu enemigo y los giros que de tu daga. El secreto está en la práctica y en el peso balanceado de la daga.
Zahir (Aisha).- ¿Cree usted que yo pueda?
Taimullah.- Inténtalo, de otra forma jamás lo descubrirás.
Roy-. Zahir (Aisha) tomó una de las dagas e hizo su primer lanzamiento y la daga dio de canto cerca de la carne seca.
Taimullah.- Buen lanzamiento pero solo le causarás una pequeña herida a tu enemigo y un gran enojo, espero que corras mejor de lo que lanzas. (Taimullah soltó la carcajada, mientras Aisha se ruborizaba)
Taimullah.- No te preocupes, hay muchas formas de lanzar, la que a mí me funciona es alinear la daga, de tal forma que al pasarla junto a tu cabeza debe ir paralela, sin girarla al hacer el lanzamiento. La fuerza con la que lo hiciste fue la correcta, solo tienes que practicar. Toma estás tres dagas, te las regalo, cuídalas y práctica.
Zahir (Aisha).- Gracias señor, las cuidaré y practicaré después de mis labores.
Taimullah.- El peligro no está en el tamaño del arma sino en el punto de la herida.
Aisha.- ¿Cómo es eso señor?
Taimullah.- Si logras asestar el golpe en la ingle (al tiempo que le señala Taimullah) a dos o tres centímetros de profundidad se encuentra la arteria femoral. El instinto te obliga a sacarte la daga pero ahí está el error.
Zahir (Aisha).- ¿Por qué señor?
Taimullah.- Porque al sacar la daga dejas salir la sangre y si tenemos cinco litros de sangre en el cuerpo el enemigo se vaciará en no más de seis minutos. Ahora que si la lucha es cuerpo a cuerpo has una herida en la parte izquierda del cuello donde se encuentra la arteria carótida, el resultado es el mismo. Si la sangre es rojo oscuro significa que diste en una vena y esa herida no será mortal, pero si el color es rojo brillante significa que le quedan pocos minutos de vida.
Zahir (Aisha).- ¿Cómo sabe tanto señor?
Taimullah.- Un buen guerrero investiga cómo estamos hechos.
Zahir (Aisha).- ¿Lo ha utilizado en batalla?
Taimullah.- Termina con Malek y te reúnes con nosotros para comer algo antes de partir.
Zahir (Aisha).- Eres un hermoso caballo Malek, ¿algún día me permitirás cabalgar contigo?
Roy.- Como si el corcel entendiera levantó la cabeza y movió su pata delantera.
Zahir (Aisha).- Tienes una familia muy bonita, te cuidan, te alimentan, te cepillan. Yo perdí a todos mis seres queridos, pero están conmigo, los llevo a todas partes en mis pensamientos. Eso es lo único que no pudieron quitarme. Platico con mi madre a diario, y recuerdo los juegos de mis hermanos. (Aisha se detuvo un momento, respiró profundo y continuó)
Zahir (Aisha).- No te voy a poner triste con mis historias Malek, ahora debo ser fuerte y tomar lo mejor de la vida.
Aisha terminó y practicó con sus dagas. Era una niña perseverante y decidida. El tiempo voló y escuchó que Táleb le gritaba.
Táleb.- ¡Te estamos esperando dice mi padre que comas algo para irnos ya!
Aisha recogió sus cosas y se unió a los demás.
Lutfi.- Porqué tardaste tanto
Zahir (Aisha).- Perdone señora, atendía a Malek.
Lutfi.- Come algo que pronto partiremos.
Taimullah.- Necesitamos llegar a Nicea antes del anochecer.
Zahir (Aisha).- ¿Qué vamos a hacer en Nicea?
Táleb.- Se casa un primo y vamos a la boda.
Zahir (Aisha).- Ahh, qué bien.
Zahir (Aisha).- ¿Es bonita Nicea?
Táleb.- Sí, con muchos soldados y mujeres. ¿No te emociona?
Zahir (Aisha).- Sí claro, sobre todo los soldados.
Táleb.- A mí me emociona más ver mujeres, ¡muchas!
Zahir (Aisha).- Sí claro, a mí también.
Táleb.- Si Alá lo dispone me gustaría encontrar alguna esposa.
Zahir (Aisha).- Pero aún eres muy joven.
Táleb.- Mis primos ya se casaron, ya son grandes, tienen 16 años.
Zahir (Aisha).- Qué bien, pero yo esperaré un poco más.
Roy.- Iniciaron la marcha y después de algunas horas encontraron otra caravana con quienes realizaron algunos trueques de dátiles, telas y agua, para continuar su camino. Al llegar la noche estaban ya a las puertas de Nicea, ciudad amurallada protegida por más de 100 torres.
Taimullah Se acercó cabalgando en su hermoso corcel árabe negro azabache.
Taimullah.- Acamparemos a la entrada, pediré paso a los soldados que custodian las murallas. Esperen aquí.
Roy.- Todos se aprestaron a organizar sus pertenencias y levantar los tiendones.
Taimullah se acercó a uno de los soldados, se llevó la mano al corazón, después a la boca, la frente y por ultimo al cielo.
Taimullah.- Mi señor que Alá sea contigo.
Soldado.- Ahlan wa sahlan (Bienvenido)
Taimullah.- Mi nombre es Taimullah y pedimos nos permita acampar en las afueras. Por lo que veo, ahora no tiene muchos visitantes.
Soldado.- No es así mi amigo. Ahora no se les permite acampar en las afueras. Todos se resguardan tras las murallas.
Taimullah.- ¿Por qué mi señor?
Soldado.- Tenemos informes que los cruzados vienen en camino.
Taimullah.- ¿Y a dónde nos vamos?
Soldado.- No le recomiendo que permanezcan afuera.
Taimullah.- Entonces encontraremos un lugar dentro.
Soldado.- Adelante
Roy.- Taimullah regresó pensativo con la familia.
Táleb.- ¿Qué sucede padre?
Taimullah.- Reúne a todas las familias de la caravana para explicarles la situación.
Roy.- Inmediatamente se reunieron todos alrededor de Taimullah.
Taimullah.- Vamos a quedarnos dentro de la fortaleza. Hay noticias de un ataque por parte de los cruzados. Entraremos y cada familia buscará un lugar. A partir de ahora cada quien estará por su cuenta. Les deseo suerte a todos. Que Alá los bendiga.
Roy.- Taimullah le hizo una señal a Lufti para hablar lejos de los niños.
Lufti.- ¿Qué sucede?
Taimullah.- Tenemos que buscar un lugar seguro.
Lufti.- ¡A buen lugar venimos a dar! Pues vamos, no perdamos tiempo.
Roy.- Taimullah y Lufti regresaron por los demás y entraron a la Nicea, buscaron un lugar para instalarse. Se prepararon cuscús, platillo hecho con sémola de trigo y se dispusieron a comer con calma.
Zahir (Aisha).- Señor Taimullah, ¿puedo hacerle una pregunta?
Lufti.- Sí Zahir, dime. (Respondió mientras disfrutaba de un bocado.)
Zahir (Aisha).- ¿Qué va a pasar cuando lleguen los cruzados?
Taimullah.- Pues… no lo sé. Esta ciudad ha pasado por varias batallas y aún sigue en pié.
Necesitamos irnos de aquí lo antes posible. Ahora descansemos y mañana decidimos.
Jean.- Pero Nicea ya había sido invadida por Bohemundo, el cruzado.
Roy.- Así es, durante una época estuvo en manos de los cruzados. Los turcos tuvieron que abandonar Nicea, pero eso fue hace mucho.
Roy.- Ves ésta herida (mostrando un costado del cuello)
Jean.- ¿De…alguna batalla? ¿Quién te la hizo?
Roy.- Llevo rato hablando de él.
Jean.- Espera un segundo, Lufti, el de las dagas, ¿él lo hizo?
Roy.- Lufti es su esposa, Taimullah es el de las dagas.
Jean.- Ahh sí, me perdí. Esto se pone más interesante a cada momento. Necesito ordenar mis anotaciones para después no confundirme.
Roy.- Ya habrá tiempo para eso. Estaremos varios meses en el castillo del Señor Rodán.
Jean.- ¿Quién es ese señor? He oído de que tiene mucho dinero pero poco se sabe de él.
Roy.- Todo a su tiempo.
Jean.- No seas misterioso Roy.
Roy.- Todos comieron con cierta intranquilidad y al terminar Taimullah salió a recorrer la ciudad en compañía de Táleb y Aisha. Los habitantes de Nicea eran en su mayoría turcos y visitantes de diferentes poblados que llegaron para comerciar sus productos, los otros eran oriundos de esta zona. Encontraron un sitio en una de las esquinas de las murallas, por donde difícilmente podrían asediar las fuerzas cruzadas. La desventaja era que si tenían que salir rápidamente de la fortaleza tardarían mucho más que los que se habían asentado cerca de la entrada. Los ejércitos turcos permanecían tanto dentro como fuera de la ciudad.
Regresaron por la familia y llevaron sus pertenencias al lugar escogido, donde pasaron la noche.
Al día siguiente Zahir (Aisha), que tenía el sueño ligero, escuchó un ruido extraño, un leve crujir de arena. La luz de la luna llena iluminaba el lugar. Tomó una pequeña lámpara de aceite que tenían a la mano y caminó hacia donde se escuchaba aquel ruido y descubrió una gruesa cuerda moviéndose, raspando contra la última pared del castillo. Ese era el ruido que había despertado a Zahir (Aisha) quien observaba detenidamente hacia arriba, se quedó congelada al ver que por la cuerda descendían sigilosamente uno 20 soldados cruzados, quienes no se percataron que Aisha los observaba porque estaba al final de la cuerda, exactamente debajo de ellos.
Aisha no sabía si gritar y despertar a todos o correr y avisarle a Taimullah y su familia, esperó unos segundos congelada por el miedo mientras observaba como ausente la escena. Los soldados habían recorrido ya más de la mitad del muro, de pronto volteó hacia la lámpara de aceite que llevaba en la mano derecha y la fue acercando a la cuerda, hasta que encendió rápida y nutridamente. En cuanto los soldados sintieron el fuego comenzaron a caer como pájaros, en ese momento Aisha logró reunir fuerzas para gritar: ¡“LOS CRUZADOS”! La gente comenzó a correr y las guardias turcas atacaron con flechas a los invasores quienes fueron cayendo uno por aquella cuerda humeante. Algunos de ellos los mató la caída, los más afortunados que lograron descender con vida fueron diezmados por los soldados turcos que resguardaban el lugar.
Un cruzado corpulento de más de 1.80 m. de estatura, que se salvó de la caída, cayó sobre su escudo, que quedó hecho trizas, miró fijamente a Aisha quien aún sostenía la lámpara de aceite en su mano.
Soldado.- ¡Vas a morir pequeño demonio!
Roy.- Mientras desenvainó su enorme espada de doble filo, Aisha dejó la lámpara en el suelo, se alejó del atacante y sacó de entre sus ropas un par de las dagas que Taimullah le había regalado. En completa calma respiró profundo, esperó que el soldado se acercara lo suficiente, mientras las flechas le pasaban a un lado, el cruzado inició su acometida como toro de lidia. Aisha preparó la primera daga, la tarea no era nada fácil debido a que el soldado tenía puesta una media toga que le tapaba parte de los muslos, por lo que se le dificultaba calcular dónde estaba la arteria femoral. A unos tres metros de distancia Aisha le asestó el primer lance en la mejilla derecha, el soldado se llevó los brazos a la cara y eso dejó al descubierto los muslos al tiempo que Aisha realizó su segundo disparo logrando impactar su objetivo. El cruzado, fuerte y con decenas de batallas en su haber, se sacó la daga del rostro mientras observó la que estaba clavada en su pierna derecha.
Soldado.- Tu muerte iba a ser rápida ahora pagarás con sufrimiento enano despreciable. Primero te clavaré la misma daga en la garganta y con la otra te sacaré las tripas.
Aisha.- No lo creo señor.
Jean.- Eres bravo niño pero no lo suficiente.
Roy.- El soldado extrañado por la seguridad de lo que consideraba un niño sin peligro alguno, observó la daga que se sacó de la cara mientras preguntó.
Soldado.- ¿Está envenenada?
Aisha.- No señor, esa no.
El soldado volteó hacia la que tenía en el muslo y rápidamente se la sacó y el chorro de sangre no se hizo esperar.
Soldado.- ¿Está sí?
Aisha.- Tampoco señor, aunque yo no hubiera hecho eso.
Soldado.- ¿¡De qué hablas demonio?!
Aisha.- (Mientras caminaba para atrás alejándose) Si usted nota el sangrado de su pierna es abundante y de color rojo brillante, lo que significa que corté la arteria más importante de su gran y musculoso cuerpo, si hubiera sido una vena el color de la sangre sería rojo obscuro, en poco tiempo no habrá sangre en su cuerpo y su corazón se detendrá.
Soldado.- ¡Engendro del demonio!
El soldado intentó alcanzar a Aisha pero debido a la abundante sangre en el piso resbaló y cayó fulminado, parecía un gran pez sacado de su estanque.
Los gritos no se hicieron esperar, turcos y gente corrían, mientras defendían el castillo en varios flancos, principalmente el del portón, que era asediado por ocho torres de las huestes cruzadas.
Roy.- Aisha corrió hacia donde estaba Taimullah, Lufti y Taleb, todos se resguardaron en una esquina. Toda la noche la pasaron escondidos y por la mañana muy temprano:
Taimullah.- Vi lo que hiciste Zahir (Aisha), fuiste muy valiente.
Zahir (Aisha).- Tal y como usted me lo enseñó señor.
Taleb.- Padre hay mucho humo afuera, mira.
Lufti.- Son las torres que se queman, hay fuego griego.
(Aisha se quedó intrigada por lo del fuego griego.)
Roy.- Si en verdad eres alquimista sabrás el daño que causa
Jean.- Es una bola hecha con una mezcla de Nafta (Petróleo en bruto) que flota sobre el agua y el azufre, al entrar en combustión emite vapores mortales, además tiene cal viva, que libera mucho calor al entrar en contacto con el agua, el suficiente para prender lo que esté a su paso y no podía faltar la resina, que activa la combustión de todos los ingredientes, también tiene grasas para aglutinar todos los elementos, finalmente nitrato potásico y salitre, que desprenden oxígeno al prender, permitiendo de esta forma que el fuego continúe ardiendo aunque le eches agua.
Roy.- Todo un especialista. Pues bien, los cruzados fueron diezmados por los turcos en un par de días. Bueno continúo:
Taimullah.- Han pasado dos días y los muertos son muchos, esto no ha terminado los cruzados regresarán tenemos que partir. Preparen sus cosas que salir al amanecer. ¿Dónde está la caja?
Lufti.- Está bien guardada no te preocupes.
Taleb.- Elle connaît déjà les bijoux?
Lufti.- Non, mais maintenant il appartient à notre famille
Aisha se quedó pensando unos segundos y al acompañar a la señora Lufti y a Taleb les preguntó.
Aisha.- ¿A cuál caja se refería el señor? ¿Son armas?
Taleb.- No Zahir son piedras preciosas.
Aisha.- ¿Joyas?
Lufti.- Joyas muy valoradas en occidente por gente de mucho dinero.
Aisha.- Entonces ¿son una familia muy rica?
Lufti.- No hija, son propiedad de Saladín o Saladino.
Aisha.- De… Saladín?
Taleb.- Así es, de ese señor, que protege a todos los hijos de Alá.
Aisha.- Señora, porqué me dijo “hija”.
Taleb y Lufti se voltean a ver y sonríen.
Taleb.- Desde un principio sabíamos que eres niña.
Aisha.- ¿Y por qué no dijeron nada?
Lufti.- Porque sabíamos que tenías una buena razón para esconderte y además es menos peligroso viajar con puros varones.
Aisha.- ¿Y qué van a hacer con la caja?
Roy.- Aisha no se había percatado que tras de ella estaba Taimullah escuchando la conversación.
Taimullah.- Son para comprar armas y víveres para los soldados. Vamos a entregarlos al Señor Saladín. Su gente comerciará con ellas en el puerto de Acre. Necesitamos salir de aquí lo antes posible. Seguro otros cruzados vienen en camino.
Zahir (Aisha).- Yo siempre cabalgo con Lufti, los voy a retrasar.
Taimullah.- Mira, ahí hay algunos caballos de soldados muertos, toma uno y vámonos.
Zahir (Aisha).- ¿Y los de la boda?
Taimullah.- Espero que estén bien. Ellos llegaron antes que nosotros y al saber que venían los cruzados, seguro se fueron a Dorilea.
Lufty.- Nosotros debemos hacer lo mismo.
Aisha.- ¿En qué lengua hablaron?
Taleb.- En francés, yo le pregunté que si sabías de las joyas y ella me contestó que no pero que no importaba porque ahora eres de la familia.
Lufti.- Antes de la guerra Taimullah comerciaba en el barrio francés de Acre. Cuando no queremos que otras personas sepan de qué hablamos lo hacemos en francés.
Aisha.- ¿Es difícil?
Taimullah.- ¿Quieres aprender?
Aisha.- Sí, me encantaría.
Lufti.- Te voy a enseñar.
Roy.- Aisha montó uno de los tantos caballos sin jinete que estaban vagando y todos partieron a Dorilea. Al cabalgar Taimullah vigilaba que no los siguieran.
Taimullah.- Espero no encontrarnos más soldados.
Zahir (Aisha).- ¿Tendremos que pelear?
Taimullah.- Espero que no sea necesario. Cuando los refuerzos cruzados lleguen ya estaremos lejos.
Roy.- Lo que ellos no sabían es que el batallón que atacó Nicea era el que iba a la retaguardia, pues el de Bohemundo ya estaba librando una batalla en Dorilea.
Jean.- ¡Qué mala suerte! No salen de una y se dirigen a otra peor.
Roy.- No exactamente.
Jean.- ¿Por qué?
Roy.- Porque ellos tardarían en llegar al menos 15 días y para cuando llegaran, Dorilea ya estaría en manos de los cruzados. Aunque estos sólo estaban de paso a Jerusalén. Después contaré lo de Chatillón.
Jean.- ¿Te refieres a la cabeza de Reinaldo de Chatillon?
Roy.- Así es. ¿También estuviste ahí?
Jean.- Sí.
Roy.- Ahí estuve con Auguste.
Jean.- ¿Él también peleó esa batalla?
Roy.- No precisamente.
Jean.- ¿Entonces?
Roy.- No peques de ansioso. Todo a su tiempo.
Jean.- Mmm…de acuerdo.