
V.- El entrenamiento
La imaginación se nutre de música

Roy.- Ya está el guiso comamos que mañana habrá que cabalgar todo el día.
(Jean pensativo hacía oídos sordos)
Roy.- ¡Jean, Jean!
Jean.- Perdón Roy estaba recordando la pesadilla de Maarat.
Roy.- ¿Estuviste ahí?
Jean.- Desgraciadamente.
Roy.- Ahora cuéntame tú.
Jean.- Pues En la ciudad de Maarat Al-Numan entraron los cruzados y mataron a todo el que se encontraban, saquearon e incendiaron casas. Bohemundo había prometido que todos los defensores de la ciudad que se rindieran serían perdonados.
Roy.- Aún así los mataron.
Jean.- No solo eso, descuartizaron a los hombres y vendieron como esclavos a mujeres y niños. La justicia en contra de los cruzados está por caer, demasiada sangre ensucia las manos de los supuestos soldados del Señor.
Roy.- En Hattin se pagó uno de esos pecados.
Jean.- Te refieres a la cabeza de…
Roy.- ¡Qué terrible! Pues déjame decirte que tal vez llegaste a conocer a Auguste.
Jean.- ¿El niño cruzado?
Roy.- Así es, mañana te lo cuento ahora estoy muy cansado. Durmamos que mañana necesitaremos mucha energía
Jean.- ¡Mo me hagas eso!
Roy.- En realidad estoy cansado, ya no tengo veinte años.
Jean.- De acuerdo descansemos.
Ambos se acomodaron junto a la fogata y se dispusieron a descansar. Roy se acomodó de espalda a la fogata y utilizó uno de sus bultos como almohada de la cual salió algo que parecía un vestido de seda.
Jean.- Se te va a quemar tu vestido.
Roy.- ¿Qué?
Jean.- Que se te va a quemar tu vestido.
Roy.- ¿Cuál vestido?
Jean.- El que salió de tu bulto.
Roy revisa y regresa apresuradamente un trapo de seda.
Jean.- No me digas que es tuyo.
Roy.- No, es un recuerdo de una dama que conocí hace años.
Jean.- Mira, tienes tus secretitos. ¿Pero los templarios no hacen voto de castidad?
Roy.- Eso no tiene nada que ver. Es un bello recuerdo de la que pudo haber sido mi esposa.
Jean.- ¿Se casó con otro?
Roy.- No, murió.
Jean.- Perdón no quise faltarte al respeto.
Roy.- Es una vestido y saya para cubrir la cara. Lo guardo porque me trae muchos recuerdos del único amor que he tenido en mi vida.
Jean.- Descansa.
En la madrugada cuando las brasas estaban al rojo vivo, Jean sintió que lo movían suavemente y al abrir los ojos Roy le tapó la boca.
Roy.- Alguien está rondando.
Jean.- ¿Algún animal salvaje?
Roy.- No, son varios hombres. Vamos a los caballos.
Caminaron sigilosamente hacia los caballos que habían dejado junto a una gran roca y a unos veinte metros vieron algunos jinetes que apretaron el paso al verlos montar.
Roy.- Monta, yo me encargo.
Roy montó rápidamente y desenfundó dos espadas que repartió entre ambas manos, conduciendo su corcel con las piernas. Se dirigió hacia los cinco atacantes, quienes al no estar acostumbrados a recibir el contra ataque de un solo jinete, abrieron su centro y Roy pasó entre ellos deteniéndose abruptamente para dar la vuelta. Los jinetes que pasaron a su lado cayeron estrepitosamente, uno de ellos había perdido su brazo hasta abajo del codo, el otro tenía un tajo en su muslo. Roy reinició el ataque y los tres asaltantes huyeron a paso veloz y tras de ellos los heridos, gritando de dolor.
Todo sucedió tan rápido que Jean seguía sobre su montura, congelado por el miedo.
Roy.- ¿Qué pasó mi escribano? ¿Tomó notas?
Jean sólo observaba a Roy con las espadas en las manos, bajó del caballo y corrió veloz hacia unos arbustos.
Roy.- ¿Estás loco? A dónde vas. ¡No tengas miedo!
Jean.- ¡No es miedo, ya me cagué!
Al terminar la difícil tarea Jean montó su caballo y ambos se movieron del sitio para encontrar otro lugar donde descansar las pocas horas que faltaba para el amanecer.
Roy.- Reiniciemos el paso.
Jean.- Ya no pude descansar bien después de esa inesperada visita.
Roy.- Así sucede.
Jean.- En fin por qué no continúas con tu historia.
Roy.- Era una mañana otoñal, el sol daba un tinte rojizo a la plaza cuando comenzaron a llegar las familias llevando a los primeros 2000 niños que abrazaron la causa. Muchos de los padres convencidos que aquella empresa tendría como retribución el acceso directo al cielo sin pasar por las calamidades del Purgatorio además de quedar en buenos términos con el creador por haber participado en la legendaria pero penosa tarea de recuperar el sepulcro de Cristo de tierra infiel.
Esteban instruyó a la gente reunida sobre la necesidad de un entrenamiento formal para aquellos pequeños cruzados que en su mayoría estaban contaminados por el furor de verse investidos como guerreros, tal y como lo habían soñado en numerosas ocasiones durante sus inofensivos juegos. La diferencia yacía en que pronto verían transformada la inocua imaginación infantil, en un juego por la sobrevivencia.
Jean.- La inocencia tenía sus horas contadas.
Roy.- Así es y que lo digas.
Su primer acercamiento con la realidad fue marchar sin algún familiar que los acompañara durante cuatro horas a las instalaciones de entrenamiento de Castillo de Lomburgue, donde se instruía a los soldados sobre las artes de la guerra, por llamar así en forma irónica al arte de quitar la vida a otro ser humano sin considerar que la sangre de ambas partes sería el común denominador del éxito o del fracaso.
Los niños llegaron cansados, hambrientos y sedientos. Los portones del castillo se abrieron lentamente como si las puertas del cielo estuvieran esperando su llegada, eso les causó tremenda impresión, se veían unos a otros con orgullo y sorpresa, olvidaron por unos momentos sus necesidades primarias e hinchados de orgullo entraron marchando casi al unísono aquellos pequeños soldados de cristo, como se les llamaba.
Ferdinand, un experimentado soldado, vestido a la usanza cruzada los esperaba con ropas impecablemente limpias, yelmo lustroso y empuñando una enorme espada que reflejaba los rayos del sol. La imagen era impresionante, era como un cuadro pintado por encargo, todo era un diseño de Reynald, genio de la mercadotecnia militar y las alianzas.
Ferdinand.- ¡Soldados de cristo! Han sido convocados por el destino para tener el honor de vestir la túnica del templario y la cruz de la fe. Han sido escogidos por la mano del Señor para recuperar el sepulcro de Jesús de tierra infiel. Aquí están los instruiremos sobre las artes del combate, dejarán de ser niños para convertirse en verdaderos hombres bendecidos e iluminados por el señor. Pelearemos por la mejor causa: el sueño del fiel. Les daré las herramientas y enseñanza para convertirlos en jóvenes guerreros. Siéntanse honrados por esta orgullosa tarea, empuñarán la espada de la justicia, conocerán nuevas tierras, nuevos horizontes y agradecerán cada día que les reste de vida por haber sido elegidos.
Roy.- Salieron soldados a paso veloz por ambos lados del gran patio. Ferdinand los dividió en grupos de 50 niños, cada uno de los cuales fue conducido a diferentes áreas abiertas del castillo preparadas para el entrenamiento.
Se les dio de comer y de beber, se les asignó un sitio donde dormir en tiendones improvisados de tablones con mantas, que difícilmente semejaban una cama, aunque no muy diferente a los camastros donde solían dormir.
La tarde cayó poco a poco y al anochecer Auguste solo pensaba en las aventuras que le esperaban, en las batallas que había vivido en sus inocentes juegos. Dada su personalidad, de inmediato hizo amistad con un pequeño grupo de compañeros, que venían de aldeas cercanas, embelesados por el mismo espejismo, algunos buscando reconocimiento, otros aventura y no pocos como Auguste, en busca de venganza.
Auguste.- ¿Cómo se llaman? (Hacia sus compañeros de dormitorio)
Joseph.- Joseph pero me dicen Joss.
Mientras Joss hacía su presentación los cuatro hermanos gitanos hacían una torre humana donde Cappi (buena fortuna) y Bavol (viento de ciudad), los mayores, se colocaron frente a frente y se tomaron por los brazos para que Vadoma (saber), el de en medio, se subiera en sus hombros, Kavi (casta de poeta), el más joven, trepó sobre Cappi y Bavol para terminar en los hombros de Vadoma formando una torre humana de 3 pisos. Después de unos segundos, en sincronía total, Kavi y Vadoma descendieron de un salto junto a Cappi y Bavol, todos gritaron ¡Eeeyyy!
Cappi.- Mis hermanos Bavol, Vadoma y Kavi, el mío es Cappi.
Roy.- Todos aplaudieron y los hermanos hicieron una caravana.
Auguste.- Yo me llamo Auguste y vengo de Leite, la aldea que está al este del castillo. ¿En dónde aprendieron a hacer eso amigos?
Bavol.- Nuestros padres se dedicaban a entretener en plazas y casas de ricos.
Vadoma.- Pero en una plaza mi padre sufrió un accidente y murió.
Kavi.- Mi madre no podía mantenernos a todos y vivíamos de lo que nos daban en las calles.
Augusto.- ¿Y por qué se unieron a la cruzada?
Cappi.- Alimento y un lugar donde dormir.
Joss.- Yo vengo de Vendóme, en el barrio sur, una vez los vi en la Plaza Central.
Auguste.- Crees que nos den una espada como la del señor Ferdinand?
Joss.- Eso espero, me encantaría tener una de esas.
Auguste.- Pero está muy grande, ¿crees que podamos cargarla?
Joss.- Nos van a enseñar muchas cosas, cargarla será una de ellas.
Kavi.- Yo prefiero el Mayal.
Roy.- Kavi sacó de entre sus cosas un instrumento tradicional agrícola utilizado para la trilla de cereales. Formado por dos bastones unidos por cadenas; generalmente, el bastón más largo y delgado sirve de mango, y el más corto y grueso se usa para golpear el cereal recién segado o las legumbres.
Auguste.- Pero eso contra una espada no creo que funcione.
Bavol.- Kavi le hizo algunas modificaciones y es muy efectiva.
Kavi.- Le incrusté navajas muy filosas en los cuatro costados de la parte gruesa. El enemigo no siente los cortes hasta que es demasiado tarde, porque al tiempo que golpea rasga la piel.
Joss.- ¿Ya lo han comprobado?
Vadoma.- En una ocasión unos soldados quisieron llevarse a Cappi y Kavi porque estaban actuando en la calle. Uno de los soldados sacó su estoque y se fue contra Cappi, Kavi sacó su mayal y le propinó varios golpes en las piernas al soldado quien al intentar perseguirlo se percataron que la sangre les brotaba de varios lugares, no pudieron moverse más y lograron escapar.
Cappi.- Yo prefiero la vara.
Roy.- También se conoce como pértiga o bastón, de 1.80 metros de largo y hecho de roble o bambú. La trajeron del oriente.
Auguste.- Y… esa vara contra un arma de metal no es algo arriesgado.
Cappi.- Eso depende de quien la maneje. Uno de los extremos es puntiagudo con 2 orificios a los lados.
Joss.- ¿Para qué son esos hoyos?
Roy.- Cappi sacó de entre sus cosas un casquillo metálico en forma de cono con 2 orificios en la base y se la puso a su vara, asegurándola con 2 pernos en los orificios.
Cappi.- Esta vara puede penetrar armaduras.
Auguste.- ¿Cómo saben tanto?
Bavol.- La calle mi hermano, la calle.
Joss.- ¿Y ustedes? (refiriéndose a Bavol y Vadoma)
Vadoma.- Nosotros somos gente de paz.
Auguste.- Pues han llegado al lugar menos indicado.
Bavol.- Las batallas se ganan también ayudando a los soldados, cocinando y organizando las armas.
Joss.- Tienes razón.
Auguste.- Vamos a dormir, mañana creo será un día pesado.
Roy.- Ambos lograron conciliar el sueño después de varios intentos y la noche se hizo día en cuestión de instantes. El Sol besó la cara de Auguste e interrumpió uno de sus tantos sueños donde montaba un corcel blanco, vestido con el uniforme del templario “Orden del Temple”, como se le conocía, fundada en 1118, para asegurar la custodia de los Santos Lugares y proteger las rutas de Peregrinación. Se le conocía como los caballeros de Dios. Su lema tanto para entrar en combate, como para iniciar cualquier acción de ayuda al prójimo era: NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS, SED TUO NOMINI DA GLORIAM:
Jean.- ¿Por qué hablas en tercera persona? ¿No era uno de ellos?
Roy.- Tú lo has dicho, era. No me avergüenzo de mi pasado, solo que hace tiempo me acostumbré a no ser parte de la nostalgia por que eso me lleva al resentimiento y a la rabia. Éramos buenos en lo que hacíamos, nuestro voto de castidad y servicio al señor así como nuestro impecable entrenamiento nos hacía letalmente buenos.
(Jean esboza una leve sonrisa)
Roy.- ¿Dije algo divertido?
Jean.- Perdona, no quise parecer burlón, solo que piensa en lo que dijiste…”letalmente buenos”. Además amasaron grandes riquezas, impensables para los simples mortales como yo.
Roy.- Ahhhh, tienes razón, hay cosas que jamás podré quitarme.
Jean.- No te preocupes, no soy quién para criticar. Solo me sorprendiste un poco. Ya no te interrumpo.
Roy.- Haces bien o vas a tener que cambiarte de nuevo las ropas.
Jean.- Ni lo menciones, que suceso tan vergonzoso. Espero no lo comentes con nadie de la guarnición.
Roy.- Lo pensaré seriamente. No es cierto estos labios están sellados en lo que respecta al tema. En fin, continúo.
Te decía que el lema de la Orden al inicio de cada batalla era: NON NOBIS, DOMINE, NON NOBIS, SED TUO NOMINI DA GLORIAM que significa, "Da Gloria, no para nosotros Señor, no para nosotros, sino para tu nombre".
Éramos una fuerza militar muy bien organizada y éramos las fuerzas de choque en toda las Cruzadas. En los ataques estaban a la vanguardia y en las retiradas, en la retaguardia, siempre protegiendo. Durante un siglo con nuestra protección aseguramos el gobierno efectivo del Reino Latino de Constantinopla. No pagábamos impuestos, tributo ni peaje, solo obedecíamos al Papa y teníamos posesiones en toda Europa y Oriente Medio.
¡Arriba soldados es hora de aprender a ser un verdadero soldado! ¡A formación inmediata! Entró gritando un soldado con un platón metálico y un cucharón haciendo escándalo a más no poder.
El grupo salió de sus aposentos al patio contiguo y de inmediato apareció Ferdinand con un atuendo menos ostentoso, al momento los niños formaron grupos de cinco y los asistentes de Ferdinand llegaron con espadas de madera.
Auguste miró a Joss y alzando las cejas le envió un mensaje de desagrado pues en lugar de espadas lustrosas recibieron unas de madera.
La primera instrucción que recibieron fue sobre el adecuado manejo de la espada, aprendieron las nociones fundamentales de ataque y defensa, la fuerza de la cintura sobre el poder de los hombros. Todo aquello no tenía por finalidad preparar pequeños guerreros, puesto que su madurez física no había llegado al punto necesario para esgrimir una espada o manejar una lanza, el objetivo principal era dar confianza y seguir con el protocolo para investirlos soldados de cristo o como se les conocía: niños cruzados.
Ese día, todos pasaron horas empuñando las espadas de madera, memorizando movimientos y simulando encuentros. Al caer la tarde regresaron al comedor donde les dieron de comer y un poco de teoría sobre estrategia militar. Diariamente por la noche asistían al servicio eclesiástico donde se les reforzaba la idea de que pertenecían a una generación privilegiada. Posteriormente Esteban pasó de dormitorio en dormitorio contando historias bíblicas, intentando en forma silvestre, pero eficaz, crear un estado de convencimiento total con la finalidad de aminorar la carga de la difícil travesía que estaba por iniciar.
Nadie los instruía sobre los pequeños grandes detalles de la guerra y sus armas, puesto que las espadas que les estaban forjando eran rectas, rígidas y pesadas. Las de los “infieles”eran esbeltas, ligeras y algunas como la del mismo Saladino, sultán y máximo dirigente del ejército sarraceno, era de un extraño color azul opaco, resultado de una textura compuesta por millones de curvas oscuras en un fondo blanco que caracterizan a los aceros de Damasco. Eran tan duras que se podría afilar como navaja de afeitar y a la vez era sumamente sólida y resistente, de manera que podía absorber los golpes del combate sin romperse.
Al siguiente día Auguste estaba molido pero motivado, dispuesto a tomar la instrucción como su proyecto de vida más importante. A temprana hora los levantaron, les dieron un desayuno a base de leche de cabra y pan. Los condujeron con el instructor de ballesta, arma nacida en el décimo siglo, nueva versión de los primitivos arco y flecha, estaba hecha de un potente arco metálico formado por una o varias varas metálicas unidas. Esta arma mejoró radicalmente la eficacia de la batalla, por su gran potencia. Tenía un alcance de 350 metros y el poder suficiente para perforar una armadura. Su lentitud de recarga era la principal desventaja.
Jean.- ¡Cielos! En verdad sabes de armas.
Roy.- Es parte del éxito de un templario, bueno soldado, o como quieras llamar.
Jean.- De acuerdo, de acuerdo, para mí siempre serás un templario, en el mejor sentido de la palabra.
Roy.- Prometiste no interrumpir.
Jean.- Era sólo para adularte. ¿Eso no cuenta?
Roy.- Está bien, excelente excusa.
La instrucción radicaba en aprender a cargar las flechas, pero debido a la dureza de la cuerda, los pequeños cruzados tenían que utilizar los pies en lugar de las manos. Auguste esa noche tuvo que aprender a soportar las ampollas en manos a causa de tan ardua labor, pues esta potente arma fue diseñada para ser utilizada por adultos, como las otras a las que tuvieron acceso.
Los herreros del obispo pudieron forjar espadas más cortas que las utilizadas convencionalmente.
Auguste era un buen tirador por lo que se le escogió como parte del grupo de arqueros de un batallón formado por 75 niños.
La travesía desde Véndome hacia tierras sarracenas era peligrosa e intrincada. Muchas vidas estarán en juego durante el largo camino, al abordar los barcos, sin mencionar que los pocos que llegaran al campo de batalla serán una postre para los experimentados soldados de Saladino.
Los días siguieron y con ellos la instrucción del manejo de escudos, lanzas, emboscadas y muchas cosas más. Uno de los ejercicios que más disfrutaba Auguste era practicar la monta de caballos ya que demostró ser excelente jinete, aunque se le dificultaba el ataque desde la montura.
Después de algunos meses de instrucción acelerada debido al reducido presupuesto determinado por el obispo para esta tarea, los pequeños uniformes estaban ya listos. El día de prueba fue uno de los más felices en la vida de los infantes. Durante su corta vida soñaban con vestir los ropajes de un cruzado y la hora había llegado, aunque nadie sabía a qué costo.
Tengo un apetito que me comería una cabra entera.
Jean.- Yo también.
Roy.- Vamos a ese poblado, seguro debe haber comida caliente y algo para beber. Solo un poco.
Jean.- ¿Solo un poco?
Roy.- ¡Solo un poco! Aún falta camino por recorrer además ¿no te he mencionado que no soporto a los hombres que beben demasiado?
Jean.- De acuerdo entiendo el mensaje.
Ambos llegaron al poblado y encontraron un sitio donde comieron un generoso vaso de “agraz” hecho de zumo de uva combinado con agua y azúcar, un plato de “sops”, que consistía en pequeños pedazos de pan con vino y caldo de pollo y finalmente abundante cerdo con especias.